Conclusiones de una elección que ratificó al oficialismo y legitimó a una nueva oposición

Con una caída de 7 mil votos, el intendente Scott podrá disfrutar de los favores de sus legisladores provinciales Spinozzi y Lagna, aunque éstos estarán más atentos a los pasos del Lole que a los del Mago. Freyre será el más observado de los ediles. Meier, el político que más creció, tendrá que fortalecer su estructura para enfrentar el nuevo eje de poder. La UCR, que se salvó de la debacle, festejó tanto la reelección de Enrico como la postergación de Meier.

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Pese a la previsible caída de su caudal electoral tras ocho desgastantes años de gobierno -perdió 7 mil votos-, Roberto Scott conservó el poder municipal con la ayuda de los ocho sublemas menores del peronismo (hasta el renunciante Carlos Tejerina colaboró con lo suyo), que le incorporaron el tercio de los votos del lema que el intendente requería para sostenerse en pie. También la ley de lemas era, en este turno, funcional a los intereses del candidato de Pueblo, Roberto Meier, que desde el vamos asomaba como el más fuerte de los cinco postulantes binneristas.
Como lo hizo Scott en sus tiempos de concejal, castigando al Banco Integrado Departamental y la obra de agua potable dematiísta ante el abroquelamiento del resto de la corporación política, ahora fue Meier el que actuó en ese sentido contra las autoridades de la Cooperativa Eléctrica, el nuevo BID de los venadenses. Como en aquella oportunidad, ante los embates de un concejal solitario, la corporación política volvió a resistir desde la trinchera, esta vez con el intendente Scott dentro de ella. En 1994, promediando el tercer mandato, y con Ernesto De Mattía con veleidades de gobernador, la gestión radical se caía a pedazos. Y los certeros golpes de Scott apuraron la entrega del gobierno municipal casi sin resistencias. Esta vez, en cambio, no le alcanzó al Tío con sus fuerzas aún en gestación para imitar aquél desembarco scottista, a pesar de haberse convertido en el político venadense de mayor crecimiento (duplicó su caudal electoral).
El “efecto arrastre” del Lole (perfeccionado con el acotamiento del número de sublemas binneristas y una “supersabana” poblada de apellidos Reutemann), junto con el asistencialismo municipal que mantiene en cautiverio a miles de venadenses y las conocidas alianzas con aceitados aparatos electorales sindicales, permitieron a Scott conservar la Intendencia venadense por cuatro años más. Por supuesto, el carisma y la experiencia del Mago, también influyeron en esta nueva victoria. Tampoco hay que menospreciar la injerencia de los restantes sublemas del PJ que, entre los ocho, contribuyeron con 5 mil decisivos votos al lema. En 1999, el scottismo le había ganado a la Alianza sin necesidad de apelar a los votos obtenidos por los otros sublemas.
Uno de los datos llamativos es que las dos listas promovidas por el scottismo (Hranuelli y Briñón) reunieron menos de 2 mil votos, que no le hubieran alcanzado a Scott para doblegar al lema socialista. En rigor, si no se presentaban los sublemas chipolonistas, el scottismo hubiera inventado otros propios, pero la fotografía electoral, ley de lemas mediante, indica que el firmatense José Chipoloni no solamente deberá ceder la senaduría por General López a Ricardo Spinozzi, sino que las listas venadenses que apadrinó ayudaron a consolidar la re-reelección de Scott.
Con 11 mil votos el intendente y 8 mil el concejal Meier -legitimado como el jefe opositor que faltaba desde la desaparición de Domingo Savino-, esta reciente elección erige a ambos en las figuras políticas más encumbradas de la ciudad, aunque desde el diciembre próximo se inscribirán en esa grilla de notables el scottista Ricardo Spinozzi y, en menor medida, Jorge Lagna -esta vez colgado de Scott y también del Lole-, electos senador provincial y diputado provincial, respectivamente.

Freyre, el más observado
El ingreso al Concejo del subsecretario de Acción Social, José Luis Freyre, constituye uno de las notas sobresalientes del último domingo. Aunque se descontaba su designación, la particularidad es la coincidencia de todos los referentes scottistas en proyectarlo desde ahora como el “candidato natural” a reemplazar a un intendente que en diciembre comenzará el tercer mandato con la adhesión del 30 por ciento de los electores.
Lagna, y principalmente Spinozzi, que aún no asumieron como legisladores provinciales, ya sueñan con las chances que les podría deparar el lanzamiento de la candidatura presidencial de Carlos Reutemann o, en su defecto, la búsqueda de una tercera gobernación santafesina. En cambio, Freyre emerge como el más firme postulante para una próxima Intendencia, que no se empieza a disputar en la campaña electoral -como algunos creen-, sino muchos años antes. Tan bien lo sabe el intendente Scott que por nada del mundo acepta que “Poroto” se desvincule totalmente de la estratégica Acción Social, de enorme influencia electoral en una ciudad con miles de pobres que dependen del asistencialismo municipal. Asimismo, aas diferencias que separan a Meier, Moscoso y Natali del intendente Scott, agigantadas por los roces de la reciente campaña electoral, anuncian un Concejo menos idulgente que el conocido. También el nuevo radicalismo, que empieza a reconocer en Lisandro Enrico a su figura más encumbrada, amenaza con una marca a presión sobre las políticas oficiales.
En este sentido, una de las primeras definiciones políticas post-electorales trascendentes se dilucidará en diciembre, con la definición de la Presidencia del Concejo, que naturalmente debería seguir en manos scottistas durante el próximo período legislativo. Giner, Pedrola y el propio Freyre, son las alternativas para ocupar el segundo escalón del poder político venadense. No hay dudas de que la aparición de Freyre en la oferta legislativa oficialista contribuyó la cuota de racionalidad y pluralismo que, en general, le faltaron a esta administración. Pero ese inmenso capital que atesora “Poroto”, y que seduce incluso a sectores antagónicos al scottismo, podría deteriorarse con la fuerte exposición de una presidencia del Concejo o una jefatura de bloque. Ya sin el bajo perfil de una Subsecretaría, Freyre tendrá que demostrar a propios y extraños, en la tribuna legislativa, si es capaz de imponer el perfil que lo distinguió hasta ahora o si, por el contrario, se mimetiza con la vieja política.
Otra reaparición es la del ex secretario de Gobierno Gustavo Giner, un viejo conocido del intendente, que se ocupa de defender a capa y espada, y en donde sea, los intereses scottistas. El pragmático abogado, que fue uno de los grandes cuestionadores del negocio de la fibra óptica emprendido irregularmente por la Cooperativa Eléctrica, constituirá junto con Miguel Pedrola, el ala combativa del oficialismo. Y Freyre, con el mismo perfil que lo caracteriza en el Plan General y el Consejo Consultivo, buscará transformarse en el factor equilibrante.

Meier, el opositor
Por el lado del progresismo, Roberto Meier tiene varios desafíos en los próximos dos años de gestión. Con Claudio Natali, un edil surgido de las entrañas de la militancia, el Tío tendrá mejor cubiertas las espaldas en el Concejo. Y podrá dedicar más tiempo a fortalecer su estructura partidaria -demasiado céntrica aún-, como así también a tejer políticas de alianzas que lo proyecten con independencia de la continuidad de la ley de lemas. Como el propio Meier lo admite, la relación que lo unió con los radicales en Venado fue forzada por las imposiciones provinciales, pero difícilmente vuelva a concretarse. Sin la contribución radical, la centroizquierda necesitará de un vigoroso y sostenido crecimiento para afirmar en 2007 sus ambiciones de poder en la Municipalidad. Meier no deberá actuar sobre la base ilusoria de los 14 mil votos de esta alianza electoral efímera, sino a partir de sus 8 mil votos genuinos (o los 10 mil que reúne con el socialista Juan Moscoso), cosechados sin asistencialismo y con presupuestos de campaña ínfimos.
Por su parte, Moscoso estuvo lejos de las expectativas depositadas en su postulación a intendente. Y ahora le espera la ardua tarea de relanzar el Partido Socialista en la ciudad, al mismo tiempo que deberá diseñar una estrategia de trabajo en bloque con Meier y Natali. Si durante la campaña hablaron de un cogobierno municipal en caso de accedder cualquiera de los dos a la Intendencia, sería imperdonable que no ratifiquen tamaño compromiso en el Concejo.
En la UCR, no solamente se lamenta la floja actuación de Ernesto De Mattía en su pugna por la senaduría provincial, sino también la mala elección de Delfor Hernández, por lejos el candidato a intendente con mayor inversión publicitaria en nuestra ciudad. La agonía del dematiísmo que administró a la ciudad entre 1983 y 1995 apenas fue compensada por la reelección de Lisandro Enrico como concejal. Y también por el triunfo scottista, que resultó mucho más digerible que una victoria meierista para los radicales venadenses.
Con acierto, la UCR había conciliado una lista única de concejales para impedir la catástrofe tan temida, en un acuerdo que incluyó una lista común para las legislativas de 2005, que seguramente encabezará Hernández, postergando así una proyección más resuelta de Enrico, pues con otro edil de su sector entre 2005 y 2007, habría fortalecido sus confesas aspiraciones de intendente.

(Publicado el viernes 12 de septiembre de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)

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