Entrevista a Miguel Angel Santos Guerra


Evaluar para incluir, no para excluir

El Centro Educativo “Nicolás Avellaneda” (Alejo Ledesma) organizó el sábado último una “Jornada de Reflexión sobre Evaluación Institucional”, coordinada por el experto español Miguel Angel Santos Guerra. Asistieron docentes, directivos, padres y estudiantes de toda la región. El disertante fue declarado “Huésped de Honor” por el intendente de la ciudad.
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En la apertura, Santos Guerra fue declarado “Huésped de Honor” por el intendente Oscar Regñícoli, y distinguido por la Asociación de Escritores Ledesmenses.
La didáctica disertación -basada en la evaluación del alumnado, de las escuelas y del sistema- contó con la presencia de más de 150 personas, entre docentes, directivos, estudiantes y padres.
El autor de “Evaluar es comprender” destacó, ante el calificado auditorio, que la evaluación debe ser concebida como “un medio para conocer, compartir y cambiar”, y no solo para “comprobar, medir y controlar”. Con el mismo énfasis, sentenció que “nunca debe ser usada para discriminar y excluir”.
Cuestionador de los enfoques tradicionales, Santos Guerra alertó sobre los perjuicios que ocasiona “una perspectiva hegemónica de la inquietud evaluadora”, según la cual “sólo es evaluable el alumno”. Para el catedrático, deberían estar sujetos a la evaluación todos los componentes del sistema.
“Dime lo que piensas de la evaluación y te diré qué tipo de profesional eres, e incluso, qué tipo de persona”, afirmó el doctor en Ciencias de la Educación. Y subrayó en otro tramo: “Me preocupa muchísimo que de instituciones que estamos para enseñar a amar el conocimiento, salgan personas que acaban odiándolo por la forma que tenemos de enseñar”.
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- Miguel, ¿usted cree que los docentes pueden despojarse de los modelos tradicionales de evaluación en que fueron formados? A pesar del perfeccionamiento y la voluntad, ¿es posible quebrar esa inercia para innovar?
- Uno de los peligros más graves para la práctica docente es la rutina, pues las demandas sobre la escuela, las situaciones de los escolares, las funciones que tienen que desempeñar los docentes, son cambiantes, no son eternas. Entonces es muy importante que haya mecanismos que, en forma continua, incorporen en el sistema la reflexión para la comprensión y la mejora. Uno de mis últimos libros se denomina “La escuela que aprende”, no solo que enseña, sino que aprende. Si no se hacen replanteos, la escuela perpetuará los errores, seguirá repitiendo algunas falsedades a causa de no analizar sus propias prácticas, de no atender a las demandas, de no medir los resultados. Es indispensable preguntarse cómo haremos las cosas este año en la escuela en lugar de repetir lo que hicimos el año pasado. A veces los diagnósticos institucionales son muy poco rigurosos y muy interesados.
- También los docentes caen en la misma rutina de las instituciones...
- Exactamente. El mismo análisis cabe para el docente individualmente, que a veces cae en la rutina por comodidad. La alternativa superadora es encarar procesos de reflexión rigurosos: unos, nacidos de la propia entraña de la escuela, y otros, de las exigencias democráticas de la sociedad respecto a la escuela. Suponga usted que de un quirófano sale un cadáver tras otro... aunque los cirujanos se resistieran, la sociedad exigiría cambios, el control democrático de la sociedad tendría que intervenir para impedir la continuidad del desastre. Este control democrático puede establecerse a través de los responsables políticos y de la presencia comprometida de la familia en las instituciones.
Así como señalo que uno de los peligros que acecha a la escuela es la rutina, también advierto sobre los riesgos de la burocratización de las innovaciones. Este fenómeno se origina cuando se introducen cambios que no son fruto de la reflexión de todos los miembros de la comunidad. Como no inspiran nada, se convierten en documentos inertes, en leyes escritas que nadie cumple.
- Nuestro país estableció una nueva Ley Federal de Educación que adoptó entre sus referentes el “modelo español”. ¿Está conforme con los resultados de la implementación en su país?
- Yo disiento con los que hablan de un fracaso de la reforma educativa en España. La ley ha mostrado logros incontrovertibles, como la ampliación en dos años de la escolaridad, esto es un éxito para un país tan grande. Es cierto que, con esta mayor integración, se evidencian problemas que antes no se percibían. Pero el sistema se ha democratizado con una mayor atención a la evaluación cualitativa, a la dimensión de educación en valores, a la diversidad. Se trata de una ley de extraordinario potencial pedagógico, aun cuando conservo mis dudas de que los cambios profundos en el sistema educativo puedan hacerse con eficiencia a través de leyes. No puedo, por una ley, garantizar que los profesores sean más participativos, más sensibles, más democráticos. Puedo decirlo en la ley, otra cosa es que se haga.
- A veces hace falta un poco más que la sanción de una ley.
- Ni lo dude. Hay cambios cualitativos en la educación que solamente pueden producirse mejorando la formación de los docentes, optimizando las condiciones de trabajo en la escuela, liberando más recursos a la educación. Las sociedades no cambian por decreto, las leyes son necesarias, pero por sí solas no llegan al corazón de muchas prácticas, pues no modifican lo sustancial, no cambian las actitudes, ni las voluntades ni las concepciones.
- En la Argentina es muy común que se impongan leyes sin los recursos económicos para desarrollarlas.
- La puesta en marcha de una ley exige la liberación de recursos adecuados para llevarla a cabo. Y, a veces, una buena disposición legal se queda en letra muerta por obstáculos económicos para concretarla. Si se pretende aumentar la atención a la diversidad de los alumnos, el principio es muy pertinente, pero si no se liberan los recursos, y el profesor sigue con 30 alumnos en el aula, no es posible hacerlo, aunque la legislación lo determine.
Muchas veces los cambios mediante la legislación tranquilizan la conciencia de los políticos porque ya han dicho a los profesores cómo tienen que hacer las cosas. Pero ellos han dejado sin hacer lo que tenían que hacer: liberar recursos para la formación de los alumnos, la organización de las instituciones y la remuneración de los docentes.
- Otro de los males históricos de nuestro país es designar improvisados en la administración de las políticas educativas. El presidente Kirchner corrigió esa tendencia con el nombramiento de Daniel Filmus en el Ministerio de Educación, ¿qué opinión le merece esa situación?
- Esos hábitos irracionales que usted denuncia son muy usuales en muchos lugares del mundo. Yo no pondría un poeta a dirigir el aeropuerto de Ezeiza ni a un literato al mando de un hospital. Tampoco quiero contadores ni ingenieros en la conducción de políticas educativas. Para administrar determinadas áreas, tan estratégicas, no solo hay que conocer, sino que también hay que ser sensible. Hay que sentir la influencia decisiva de la educación en la sociedad. La verdad es que celebré el nombramiento de Filmus porque conozco sus antecedentes en la educación. Si bien su única experiencia áulica la desarrolló en el ámbito universitario, su sensibilidad le permitirá compensarla rodeándose de personas conocedoras de los demás niveles. Si es capaz de hacerlo, los argentinos están en un muy buen punto de partida.

María Silvana Fantasía (Profesora en Ciencias de la Educación)

(Publicada el viernes 25 de junio de 2004 en diario El Informe de Venado Tuerto)


1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por permitirme que esta experiencia inolvidable, desde lo profesional, pueda ser compartida.