Conmovedor "cacerolazo" sacudió la calma venadense

La espontánea salida a las calles de unas 700 personas quebró la abulia tan criticada de los venadenses. La movilización incluyó una marcha por las arterias céntricas al ritmo del tintineo de las cacerolas. Los reclamos fueron coincidentes con los expresados en todo el país. También el intendente Scott fue blanco de la ira de los manifestantes. Anuncian un próximo “cacerolazo”. No se produjeron disturbios.

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Uno de cada 100 venadenses salió a la calle alrededor de las diez de la noche del último viernes. Tan lejos de una multitud como de la apatía que merecía la crítica del resto de las más comprometidas poblaciones del sur santafesino. Unas 700 personas en el área céntrica de la ciudad constituyeron la manifestación de protesta más trascendente de las últimas décadas. Tal vez haya sido la más numerosa de la historia de esta ciudad centenaria desde 1984.
Pequeñas delegaciones barriales se acercaron entre sí, poco a poco, según el ritmo de las ya míticas cacerolas y confluyeron más tarde en la esquina de la Catedral, en Belgrano y 25 de Mayo. También las estrofas del Himno nacional, el estruendo de algunas bombas y un coro de bocinazos, adhirieron entusiastas al histórico despliegue local, donde no faltaron banderas argentinas flameando y unos pocos improvisados carteles que denunciaban la espontaneidad de la movilización.
El televisado salto a las calles de los porteños en los distintos barrios de la ciudad de Buenos Aires contribuyó a envalentonar a los venadenses para expresarse en contra de la crisis, así, caóticamente, sin demasiada organización, sin previos acuerdos metodológicos ni tampoco coincidencias ideológicas de fondo.
A su paso, los venadenses recriminaron a la clase política en general y a los bancos por la confiscación de los ahorros; pidieron la renuncia de los ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación -en sintonía con el resto de las movilizaciones desarrolladas en todo el país-, y también pusieron la mira en el intendente Scott y los concejales, como “representantes” locales del cuestionado poder político nacional.

Los que lo miran por TV
Los partidos políticos tradicionales y los más poderosos sindicatos, otrora conductores indiscutibles de los movimientos de masas, tuvieron que limitarse a mirar por TV las imágenes de una movilización nacida de la impronta de las mismas bases que aquellos siempre tenían a flor de labios para decorar sus discursos. En cambio, el pueblo venadense, antes más predispuesto a transcurrir la vida a través de los episodios que emiten (y en algunos casos manipulan) los canales de Buenos Aires, optaron esta vez por adquirir un protagonismo que colocará al 25 de enero entre las fechas clave de la historia de la ciudad. Así fue como los “habitantes”, al menos durante una noche, se elevaron por fin a la categoría de “ciudadanos”. La marcha por las tradicionales calles Belgrano y San Martín fue absolutamente pacífica, apenas matizada por cánticos amenazantes y dedos acusadores contra los bancos, emblemáticos operadores del perverso poder financiero que en alianza con el poder político saqueó a la mayoría de los argentinos durante el último cuarto de siglo.
El tradicional estribillo: “Si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está”, símbolo de mil y una batallas populares, era entonado fervorosamente por los caminantes, en gran parte miembros de las filas de los alicaídos sectores medios de la ciudad, que este viernes salieron a la calle, aunque días atrás ya se habían manifestado mayoritariamente por distintos medios en respaldo a los trabajadores municipales en conflicto con la Intendencia.
Uno de los detalles sobresalientes de la noche fue la resuelta presencia en la calles de unos cuantos venadenses que en otro momento hubieran acudido a la Policía o bendecido el regreso de las Fuerzas Armadas para detener a “la turba vandálica”. Eran otros tiempos. Ahora también cayeron víctimas de la crisis. Una genial planificación política antipopular se había ocupado durante los últimos 25 años de poner las cosas en su lugar. Así pues, el poder económico acabó concentrado en pocas manos sobre una de las veredas, mientras que en la de enfrente se agolparon millones de atribulados argentinos, cada día más resignados -a fuerza del terror y la manipulación- al supuesto carácter irreversible de tan fatídico futuro. En el medio, la calle estaba vacía. Así permaneció por años. Hasta que concluyó el letargo. Y la calle volvió a convertirse en el escenario más apropiado para combatir el “pensamiento único” que se alzó con las ilusiones de un pueblo subyugado por los “espejitos de colores” de los nuevos tiempos.
Como decía uno de los manifestantes, “los venadenses ‘peatonalizamos’ la Belgrano por decisión propia, sin esperar la resolución de los políticos”. Se pronunciaron muchas frases inteligentes y contundentes este último viernes, pero pocas tan gráfica como la citada.

Visitas para el intendente
Antes de la desconcentración, un nutrido grupo de manifestantes escogió como punto final de la marcha el domicilio del intendente Roberto Scott, en Maipú al 600. El jefe del gobierno venadense, fiel al estilo frontal que luce ante los micrófonos, no vaciló en salir a la vereda a recibir los airados reproches de los vecinos. Acompañado de su esposa Amanda, Scott soportó a pie firme -y con fuerte custodia policial- las demandas por falta de trabajo y de comida, como así también algunos insultos y hasta enérgicas exigencias de renuncia por parte de varios de los presentes, que no dejaban de atronar con sus ollas al filo de la medianoche. Con el intendente respondiendo a los reclamos culminó pasada la una del sábado una noche inolvidable para los venadenses. Una noche cuya significación no debería confundirse, pues no se trató de una maniobra orquestada contra Scott ni contra los políticos locales. Se trató de la adhesión local a un clamor nacional por la abolición de la inhumanidad contaminada de corrupción con que se gobernó al país en los últimos años. Sin embargo, como no podía ser de otra manera, los políticos locales fueron repudiados en su conjunto, sin distinciones, como “exponentes” de una clase que la ciudadanía no tolera más, en tanto no modifique drásticamente el carácter de la representatividad asumida. En tal sentido, el intendente Scott y su grupo de colaboradores -también los legisladores- deberían interpretar cuidadosamente la nueva situación política y comprender, por fin, que no podrán gobernar los casi dos años que les restan de mandato si no ensanchan las espaldas de la administración. El viernes a la noche, el intendente con su presencia y los concejales con su ausencia, recibieron una categórica advertencia popular.
Mientras tanto, son numerosas las entidades intermedias que continúan reclamando por sus derechos mancillados -anuncian un nuevo cacerolazo- y, al mismo tiempo, intentan vertebrar alianzas con agrupaciones afines. ¿El presunto objetivo? Que, alguna vez, el salto popular a las calles, sin perder la frescura de la espontaneidad, persiga la puesta en marcha de un programa específico, un proyecto concreto, un núcleo conciliado de prioridades que, con independencia de los circunstanciales dirigentes, definan el camino a recorrer colectivamente por una población que, hasta ahora, sólo coincide en los sujetos del repudio. Quizá no es poco para la etapa de refundación que recién despunta.

(Publicado el lunes 28 de enero de 2002 en diario El Informe de Venado Tuerto)

Del posmodernismo a la quiebra en sólo 20 años

Acaba de abrirse otra semana que promete ser muy caliente en Venado Tuerto, una ciudad que asiste impotente a la caída libre de pequeñas y medianas empresas, como así también al tembladeral de los grandes emprendimientos productivos, en la mayoría de los casos por la caída del poder de compra que se agravó desde finales del año pasado en el marco de la depresión económica más prolongada de la historia nacional. Por su parte, la mayor empresa pública venadense, el Municipio, con más de un millar de empleados directos y varios centenares de vinculados indirectamente, acentúa su virtual estado de quebranto con la creciente morosidad de la ciudadanía que distribuye como puede -al borde de la desesperación- sus ingresos cada día más recortados y dosificados. El conflicto con los trabajadores municipales se solucionó con la ayuda de letras remitidas por el gobierno santafesino, que podrían canjearse 1 a 1 en los comercios y utilizarse además para saldar tributos locales y provinciales. Sin embargo, la tensa semana de negociaciones entre los administradores y los sindicalistas sirvió además para que todos los venadenses se enteraran del estado de emergencia de las finanzas municipales que el funcionario oportunamente eyectado hasta el área de Producción, Lorenzo Pérez, dejó en manos de Luis Plantón, el amigo que Scott, a su vez, colocó entre los “irreemplazables” del desconcertado gabinete. Hoy, con las brasas entre las manos, el bioquímico de residencia temporaria en Venado Tuerto se debate con la crisis más caótica que la ciudad recuerde. Pocos episodios debe lamentar tanto un secretario de Hacienda como habilitar las cajas de recaudación exclusivamente para que cada peso ingresante se destine a pagar sueldos atrasados a los empleados municipales. Ninguna imagen, por otra parte, podría graficar más nítidamente la parálisis de una administración.
En este sentido, si bien la subsistencia de muchas empresas depende en gran medida de las decisiones políticas y económicas que el Gobierno nacional adopte en las próximas semanas, días atrás, en el medio de la crisis local, el intendente Scott se vio obligado a ofrecer respuestas a los venadenses. Entre ellas, ofrendó la remoción del conjunto del gabinete, pero resultó que transcurridos casi 10 días de los rimbombantes anuncios no habría aceptado la renuncia de ninguno de ellos. El otro gran anuncio de la Intendencia consistió en la posible negociación de las “joyas de la abuela” que aún subsisten en nuestra ciudad, como es el caso de algunas propiedades municipales de privilegiada ubicación geográfica, tales los predios de 9 de Julio y Belgrano, y Lisandro de la Torre e Yrigoyen, entre otros. Escuchar esas propuestas de boca del propio Roberto Scott habrá remontado a los memoriosos a comparar el Venado Tuerto ambicioso de hace poco más de dos décadas con el más anémico de nuestros días. Esa opulencia desmedida fue demostrada por la representación vernácula de la dictadura militar con el alocado anteproyecto del Palacio Municipal que iba a edificarse en 9 de Julio y Belgrano, precisamente uno de los terrenos que ahora figuraría entre las propiedades comercializables del Estado municipal. La sucesión de barbaridades se inició por aquel entonces con la demolición de la “mansión de Andueza” y continuó con el llamado del Ejecutivo local a un concurso nacional de anteproyectos. Sin consultas a las entidades intermedias, sin respeto a la valiosa construcción existente, con un criterio sospechoso del cálculo de costo de la obra y con el solo rechazo de algunos pocos atrevidos, los proyectos de los profesionales se llevaron a cabo y jamás se pagaron los honorarios. Además de las conciliaciones económicas extrajudiciales, recientemente, más de 20 años después, el Municipio recibió el primer embargo por parte de los abogados que recorrieron todas las instancias judiciales y encontraron a la ciudad sin la protección legal de la inembargabilidad de los bienes públicos.
El lunes 2 de noviembre de 1981, en la sección de Arquitectura y Diseño del diario La Voz del Interior, se tituló: ¿Venado Tuerto, capital del posmodernismo argentino?, a una nota que se ilustraba con la perspectiva del proyecto de autoría de arquitectos cordobeses que se adjudicó el cuestionado concurso. Nuestra ciudad se conocía en el país por las revolucionarias características de su próximo Palacio Municipal.
Distante de aquellos delirios de grandeza -apenas opacados por la ilegitimidad de origen de los gobernantes-, la ciudad se desangra hoy para terminar de abonar el costo de un millonario juicio solamente por los planos del faraónico proyecto. Y no tiene muchas mejores ideas, ni tampoco recursos, que entregar en mínima parte de pago el predio donde se hubiera emplazado la construcción. Del palacio posmodernista a la subasta de las joyas de la abuela, sin escalas. Aunque tardarían en manifestarse las consecuencias, en esos años se sentaban las bases de nuestras penurias actuales. No habría que permitir que hoy se continúen cometiendo errores que merezcan reproches dentro de 20 años, o tal vez menos. De todos modos, no habrá demasiadas posibilidades de éxito si los que se oponen son unos pocos, como en esos tiempos. En aquel momento, los sectores intermedios callaron y dejaron hacer; hoy, al menos, debaten qué hacer y cómo condicionar las discrecionalidades del poder político. Este es el gran desafío de la hora para una sociedad que mayoritariamente coincide en lo que no quiere, pero aún está lejos de saber qué es lo que realmente quiere.

(Publicado el 22 de enero de 2002 en diario El Informe de Venado Tuerto)

De noche era del pediatra y de madrugada fue del cardiólogo

No fue fácil la noche del domingo 14. Transcurría ya la siempre estresante hora de cierre cuando el socialista Juan Moscoso se proyectaba como uno de los concejales electos, en medio de la desesperación de los bunker del scottismo y el dematiísmo. Bien entrado el lunes, las últimas mesas escrutadas cambiaban la tendencia para dejar afuera al pediatra y confirmar el ingreso al Concejo del cardiólogo Delfor Hernández. El éxito menos rotundo del Mingo tranquilizó a sus adversarios políticos, que de todos modos intentaron desvalorizar el rendimiento del primer candidato de Convergencia ante cuanto micrófono se les cruzara en el camino.
Se deslizó que la asociación con Moscoso le aportó muchos votos, que la cantidad (menos de 6 mil sufragios) es escasa para pelear por la Intendencia, que la abstención (23 por ciento) y los "votos negativos" (blancos y anulados superaron el 24 por ciento) debilitan incluso a los candidatos más votados, pero, aún así, el dirigente radical se transformó a partir del 14 de octubre en otro de los "hombres fuertes" de la política venadense, dejando un escalón por debajo al mismísimo Ernesto De Mattía, que apenas consiguió sobrevivir con el ajustado ingreso de Hernández.

Culpas de una mala elección
La reacción de Roberto Scott tras el chubasco electoral no fue la mejor, pues volvió a culpar de la derrota a una presunta incapacidad para divulgar las obras de su administración. En realidad, los venadenses no castigaron la "mala política de prensa y difusión" del municipio, sino la inacción y el estilo autoritario que el intendente impone a la gestión, muy a pesar de muchos de los suyos, que por lo bajo suelen criticar los inoportunos e irrefrenables deslices del "jefe".
Ni siquiera los intentos postreros de presentar a Miguel Pedrola como "un hombre de su estilo", o pedir a la población la mayoría legislativa "para gobernar sin obstáculos", alteraron la firme voluntad popular que determinó la pérdida de nada menos que 10 mil votos scottistas en relación con los comicios legislativos de 1999.
El programado cachetazo electoral contra el scottismo adquiere un rojo más intenso aún cuando se revisan los resonantes triunfos del PJ en la provincia y en el resto del país.
En tanto, los análisis preelectorales acerca del gravísimo error que se aprestaban a cometer los grupos políticos de Julio Eggimann y Juan Manzini al presentarse en sublemas diferentes se cumplieron casi exactamente, pues en su dispersión ayudaron con más de 3.300 votos al ingreso del scottista Víctor Barbieri y, al mismo tiempo, se automarginaron del Concejo. Sin embargo, la mediocre elección scottista abre todavía un espacio promisorio para el resto del peronismo que, a diferencia de los últimos comicios legislativos, no tendrá en 2003 mayores inconvenientes para conseguir candidatos de fuste a la Intendencia. Por el lado del oficialismo, con Ricardo Spinozzi (¿el mejor candidato del scottismo?) seguramente muy ocupado en la "carrera presidencial" junto al Lole Reutemann, Roberto Scott se calzará el traje de candidato desde el año que viene para demostrar que el del 14 de octubre fue solamente un traspié y, además, que también puede ser tres veces intendente, como lo fue Ernesto De Mattía, o como lo hizo Perón en la Presidencia de los argentinos.

Nuevos candidatos
Tampoco fueron afortunadas las primeras declaraciones de Domingo Savino, que si bien no comprometió la creación de fuentes de trabajo, aseguró muy suelto de cuerpo -en declaraciones televisivas del mediodía de ayer- que si accedía a la Intendencia en 2003, "al menos el pucherito no le va a faltar a los venadenses". Si realmente desea ser el próximo intendente de la ciudad, Mingo deberá cambiar el discurso, modificar sus prácticas políticas e iniciar una cuidadosa estrategia aliancista, dentro y fuera del Concejo.
Roberto Meier, el otro gran triunfador de las recientes elecciones, tiene por delante la intrincada tarea de construir desde cero una estructura política apta para respaldar las próximas aspiraciones del sector. Como Savino, Meier ya no podrá crecer tan fácilmente a fuerza de individualismo, honestidad, perseverancia y buenas ideas. Los electores serán mucho más exigentes con un concejal que con el "buen tipo" que representa el Tío para buena parte de los venadenses. No son pocas esas cualidades, pero tampoco suficientes para los próximos desafíos que deberá asumir el hombre que, sin alardes ni estridencias, acaba de quebrar el bipartidismo legislativo venadense.
Finalmente, entre los pequeños partidos se destacan los rendimientos de Miguel Widmer y Juan Pedro Bebek, que sin demasiados recursos ni estructuras, construyeron dignos comportamientos electorales. Aunque por encima de ellos se colocó el PDP (sumando los sublemas de Salas y Zapata), los menos de 2 mil votos obtenidos alejan al partido de Natale de las épocas de gloria.

El próximo Concejo
Nada menos que en seis bloques estaría dividido desde el vamos el nuevo Concejo Municipal que asumirá formalmente sus funciones el próximo 10 de diciembre con tres caras nuevas y ninguna mujer.
El bloque scottista tendrá solamente tres ediles: Jorge Lagna, Miguel Pedrola y Víctor Barbieri; el de Convergencia seguirá compuesto por Domingo Savino y Lisandro Enrico; y también serán de la partida cuatro bloques unipersonales: Esteban Stiepovich (Apertura); Delfor Hernández (dematiísmo); Alberto Turcato ("12 de junio") y Roberto Meier (Frepaso).
Más allá del edil en quien recaiga la presidencia del cuerpo, la nueva composición podría dar lugar a constantes y cambiantes alianzas estratégicas sin necesidad de establecer bloques rígidos. Esta novedosa situación no conspiraría contra el fortalecimiento del hoy disminuido Parlamento venadense, sino que le otorgaría mayor identidad y presencia, y así permitirá equilibrar el poder político de la ciudad, hoy demasiado desbalanceado a favor del Ejecutivo. Sin un Concejo fuerte, no hay garantías para la generación de proyectos ni tampoco para la fiscalización que le cabe por naturaleza.


(Publicado el martes 16 de octubre de 2001 en diario El Informe de Venado Tuerto)

Una elección clave en un clima de escaso entusiasmo

Pocos hablan de candidaturas, pero las conversaciones y sondeos electorales son cada día más intensos. El PJ podría presentar dos grandes sublemas. Y la Alianza no menos de cinco. A los tres radicales se suman los dos del Frepaso. El vecinalismo de Widmer, el PDP y los cavallistas, completarían una oferta que no presenta candidatos sorprendentes a menos de cuatro meses del domingo comicial. Pero aún no está todo dicho en la política local.

Concientes de que la mayoría de los venadenses está más preocupada en otras urgencias, a menos de cuatro meses de la convocatoria a las urnas del 14 octubre, las fuerzas políticas comprenden también que no hay espacios para presentaciones ampulosas y no dudan en reducir las campañas y postergar el lanzamiento público de las candidaturas municipales. Hay muchos personajes importantes de la ciudad que fueron tentados con candidaturas expectantes, pero sistemáticamente se negaron. Es que la política está mal vista y el que ingresa a ella automáticamente está obligado a situarse en una actitud defensiva de las agresiones -justas e injustas- a las que se exponen diariamente los dirigentes.
La expresa exigencia de purificación de la política por parte de casi toda la ciudadanía contrasta con la irresponsabilidad de algunos dirigentes, como los que componen mayoritariamente el Parlamento santafesino y acaban de resolver la confección boletas electorales con los tres cuerpos unidos, pese a que las líneas de puntos inviten discretamente al corte. La poco sutil maniobra permitiría al oficialismo que la "sábana" que contendría los nueve candidatos a diputados nacionales, los dos candidatos a senadores nacionales y los candidatos a concejales (o autoridades comunales), sea decorada con la presencia de Carlos Reutemann en letras de molde como candidato a senador suplente.
Aun cuando el propio gobernador no merece quedar absolutamente inmaculado por la cuestionable estrategia de sus seguidores -desde el momento que aceptó la candidatura para una función que no está en sus planes-, hay que valorar el cambio de idea del propio Reutemann, que en los actos rosarinos del Día de la Bandera adelantó la determinación de no promulgar una ley cuya esencia es sembrar la confusión a partir de una candidatura engañosa. Si el gobernador pensaba de una manera meses atrás y ahora no dudó en descolocar a sus espadas legislativas, no hay dudas de que muchó influyó en su decisión la menor tolerancia social a las tretas de la clase política para eternizarse en sus puestos, especialmente cuando se intenta hacerlo como polizones agazapados tras un mascarón de proa.
En Venado Tuerto, la creación de un fondo solidario para la creación de empleos temporarios entre concejales y funcionarios ejecutivos fue la más resonante señal que la clase política ofreció por su carácter conjunto e institucional. Demasiado poco para el malhumor reinante. Para colmo, no tardaron en producirse diferencias entre ambos poderes políticos por el monto aportado. Concejales acusan al Ejecutivo de ofrecer “muy poca plata” en relación a la cantidad de funcionarios políticos que mantiene. Y desde el scottismo admiten ahora que los mil pesos generosamente donados por los ediles no representan más que el blanqueo de una suma que hace varios meses no perciben y difícilmente fueran a cobrar en el futuro.

Gran disputa por cinco bancas legislativas
Las ciudades santafesinas renovarán por mitades sus concejos municipales y las comunas cambiarán completamente sus comisiones, siempre bajo la tutela de la controvertida Ley de Lemas.
También estamos obligados a elegir nueve diputados nacionales y tres senadores nacionales, en este último caso mediante la primera elección por voto directo en lugar de las tradicionales designaciones que eran potestad de las legislaturas provinciales.
En nuestra ciudad permanecerán en sus bancas los peronistas Jorge Lagna y Alberto Turcato y los radicales Esteban Stiepovich y Lisandro Enrico, con la particularidad de que las duplas pertenecientes a un mismo partido corresponden a líneas internas diferentes.
En tanto, los cinco ediles que completan su mandato son los dematiistas Carlos Rosenzvaig y Celia Bazet (reemplazante de Ernesto De Mattía), el usandizaguista Domingo Savino, y los scottistas Noemí Rasello de Enrico (reemplazante de Ricardo Spinozzi) y Víctor Barbieri.
Muy a pesar del generalizado desinterés, la importancia de esta elección es enorme para la dirigencia política pues de sus resultados dependerá en gran medida el armado de las estrategias rumbo a los decisivos comicios de 2001, donde otra vez estará en juego la Municipalidad de Venado Tuerto, nada menos que el espacio de poder político más apetecido y tentador del sur santafesino.
El más empinado desafío de octubre tendrán que afrontarlo casualmente los dos líderes políticos más importantes de la ciudad desde la reapertura democrática. Roberto Scott debe renovar nada menos que dos bancas (Víctor Barbieri y Noemí de Enrico), si pretende arribar con cierta comodidad a una candidatura para la re-reelección en 2003. Ernesto De Mattía, aunque jamás vuelva a presentarse como candidato, siempre influye en la política venadense. Y en esta oportunidad renueva también dos bancas: la propia (en manos de Chelín Giovanetti) y la del actual presidente del Concejo, Carlos Rosenzvaig.
Menos comprometida es la situación de Domingo Savino, otro virtual candidato a intendente que encabezará el sublema de “Convergencia” para ratificar sus pretensiones políticas mediante la reelección tras un decoroso traspié en la interna radical.

¿Dos grandes sublemas en el PJ?
Dentro del justicialismo, la estructura oficialista sigue exhibiendo escasas realizaciones, frecuentes bloopers e internas neutralizantes. Disminuido el "efecto caliza" tan significativo en la elección de intendente, tal vez el gran golpe que prepare el scottismo para el próximo turno sea el anuncio formal de la demoradísima obra de agua potable, a juzgar por las sugestivas negociaciones que mantiene con la Cooperativa de Obras Sanitarias en los últimos tiempos, tras largo tiempo de relaciones distantes y concesión cloacal caída. Sin embargo, a Scott lo complica el mismo fenómeno que a sus competidores: la ausencia de candidatos seductores. Por distintos motivos, varias de las figuras que mejor rendimiento electoral asegurarían a Roberto no serán de la partida en esta oportunidad: Jorge Lagna sigue como concejal hasta 2003; Ricardo Spinozzi no se despega del entorno del Lole; y Noemí Azcona sigue arrinconada en Salud por un scottismo que teme la proyección política descontrolada de la carismática nefróloga.
Sin estos nombres en danza, hasta ahora solamente suenan las alternativas de Víctor Barbieri para la reelección y, corriendo desde atrás, el subsecretario de Acción Social, José Luis Freyre, de buena llegada en los sectores medios y óptima relación con todo el arco político opositor y las entidades intermedias. Pese a sus públicos rechazos a la postulación (y los números acompañan), no habría que descartar a “Poroto” como el primero de la lista apadrinada por el abuelo de su futuro hijo (quizá con Barbieri en el segundo escalón). En tal caso se consumaría la enésima postergación para los secretarios José Mariné y Gustavo Giner, dos de los íntimos del entorno scottista.
A río revuelto, la resucitada "12 de Junio" trata de aprovechar la sequía de candidatos para recuperar los espacios perdidos. En este sentido, el ex concejal Julio Eggimann se perfila entre los candidatos a encabezar un sublema, siempre y cuando prosperen las negociaciones abiertas para nuclear a todo el justicialismo desvinculado de Scott (nadie quiere hablar de “anti-scottismo”, por las dudas). Con este objetivo, Julio intenta acordar con el senador José Chipoloni para jugar juntos en la elección de concejales. El dirigente firmatense no habría conseguido seducir candidatos de fuste para competir con Roberto Scott -su gran adversario en General López- en las municipales venadenses, pero igualmente no olvida que Eggimann se alió con Scott para favorecer a su contricante Spinozzi en las últimas elecciones de senador provincial. Aunque estos antecedentes próximos dificultan el matrimonio de Chipoloni con Eggimann, ambos reconocen que, separados, otorgarían demasiada ventaja al aceitado aparato scottista. Con la misma premisa unificadora, trabajarían para que dirigentes díscolos no se tienten con las facilidades que ofrece la Ley de Lemas y en lugar de dispersarse se incorporen al “gran sublema” que -dentro del lema- competirá con el scottismo.
Este sector del peronismo opuesto al scottismo cuenta con varios candidatos a intendente -algunos con importantes responsabilidades en entidades intermedias-, pero ninguno aceptó el riesgo de lanzarse a disputar una concejalía en esta oportunidad. Así pues, muy a pesar de Chipoloni, si no surge otro candidato con posibilidades, sería Julio Eggimann -divorciado de Scott por complacer las travesuras de Turcato- el que se calce nuevamente la camiseta de candidato en su último gran intento por saltar desde el llano a la función pública.

Cinco sublemas en la Alianza
En el radicalismo están prácticamente definidas las primeras candidaturas de los tres sublemas: Delfor Hernández por el dematiísmo; Domingo Savino por el usandizaguismo y Miguel Murtagh por la línea Apertura que orienta Esteban Stiepovich.
Tampoco hay dudas respecto de los líderes de los sectores frepasistas que, junto con los sublemas mencionados de la UCR, concurrirán a la elección en el lema de la Alianza. Por el Frente Grande será candidato el actual delegado santafesino del Programa para el Saneamiento (Propasa), Roberto Meier, en tanto que por el socialismo popular intentará desembarcar en el Concejo el pediatra Juan Moscoso, ansioso por tutearse de una buena vez con "conflictos de los grandes" luego de tantos años de convivir con "problemas de los chicos".
El más disciplinado socialismo de Moscoso contrasta con el caos nacional y provincial del Frente Grande que representa Meier en Venado Tuerto. La encarnizada interna en las esferas superiores aportó lo suyo para provocar una división local que podría acentuarse a partir de los próximos días, si se confirma una insistente versión que circuló en los pasillos del bloque legislativo radical. Según estos trascendidos, el hábil Ernesto De Mattía, de vieja enemistad con Roberto Meier, intenta colocar detrás de la candidatura de Hernández a un frepasista reconocido en acuerdo con los adversarios locales del Tío. Así pues, sería la oposición interna de Meier la que deberá evaluar el riesgo de contribuir a una buena elección del cardiólogo Hernández a cambio de torpedear las aspiraciones legislativas de Meier y, además, complicar seriamente el futuro político del referente más encumbrado del sector.

Los lemas alternativos
Por fuera de los dos grandes lemas, el único candidato que se lanzó al ruedo desde una agrupación vecinalista es el presidente del barrio "Alejandro Gutiérrez", Miguel Widmer.
El temperamental profesor de Educación Física, sin estructura partidaria y apenas sustento de algunos vecinalistas afines, saldrá a la cancha con su tradicional discurso de cuestionamiento al "establishment" polìtico que en esta ocasión podría resultar beneficioso para sus aspiraciones electorales.
Los demócratas progresistas continúan sufriendo las consecuencias de una vida interna muy agitada en los últimos tiempos y no sería extraño que concurran a las elecciones con dos sublemas dentro de un lema propio (fuera de la Alianza Santafesina). Juan Carlos Zapata y Juan Carlos Capozucca asoman como posibles candidatos a concejales por el natalismo, en tanto que los opositores no habrían designado aún los principales nombres. Sin embargo, el dirigente juvenil Javier Salas, integrante de la lista de candidatos a diputados nacionales en la reciente interna del PDP, podría asumir alguna nominación expectante en las municipales de octubre.
Los cavallistas de Acción por la República podrían ser de la partida en esta convocatoria electoral. Sin una dirigencia conocida en la ciudad, están demasiado atados a la suerte que corra su líder político en la conducción de la economía nacional. En tal sentido, la confianza de Cavallo en que los próximos meses confirmarán el éxito de sus medidas, sumadas a las aspiraciones presidenciales que nunca desmintió, seguramente obligarán a sus seguidores de cada rincón del país a presentar candidatos y vertebrar estructuras partidarias para sostener el gran envión que Domingo Cavallo intentará dar en 2003 rumbo al sillón que hoy ocupa Fernando De la Rúa.

(Publicado el viernes 22 de junio de 2001 en diario El Informe de Venado Tuerto)