For export. El análisis de obesidad, hipertensión, diabetes e hiperdislipidemia realizada en Venado, Pehuajó, Dean Funes y Oncativo, se presentó en mayo en un congreso francés. En septiembre, dichas conclusiones fueron incluidas en una revista especializada. El proyecto Detect 2, de Dinamarca, también requirió los datos venadenses.
Conociendo que no es tan común la publicación de trabajos de procedencia latinoamericana en revistas especializadas europeas, el nutricionista Carlos Cobeñas destacó con justificado orgullo la reciente inclusión -edición de septiembre de 2004-, en la prestigiosa Diabetes & Metabolism, del trabajo conjunto presentado por profesionales de Venado Tuerto, Oncativo (Córdoba), Pehuajó (Buenos Aires), Dean Funes (Córdoba). Estos trabajos, presentados en un congreso realizado en Francia en mayo último, son la síntesis de los análisis y encuestas llevados a cabo en dichas poblaciones para cuantificar la influencia de la hipertensión arterial, obesidad, diabetes e hiperdislipidemia (colesterol y triglicéridos).
En nuestra ciudad, la labor investigativa denominada “Estudio Venado Tuerto” se realizó en 1997 y parte de 1998, con el respaldo del Centro Regional para el Desarrollo del Sur de Santa Fe y Laboratorio Roche, la coordinación general del doctor Carlos Cobeñas, y la participación de prestigiosos profesionales de renombre internacional, como Jorge Braguinsky y Martha de Sereday, entre otros.
Por distintas razones, las mediciones no volvieron a practicarse en nuestra ciudad, pero luego de la “asociación” de los cuatro grupos de trabajo para presentar las conclusiones en el congreso francés, un galardón más al meritorio emprendimiento se concretó con la publicación en una revista francesa de los datos acumulados de las cuatro ciudades y de las singularidades del “Estudio Vendo Tuerto”.
Sin embargo, el reconocimiento para las instituciones promotoras y los profesionales actuantes no terminaría con la publicación del trabajo, sino que poco después, el proyecto internacional “Detect 2” (detección de diabetes “tipo 2”), solicitó la base de datos del “Estudio Venado Tuerto” para incorporar esa información, pues hasta el momento, en Latinoamérica solo cuentan con estadísticas provenientes de Brasil. “Este pedido nos enorgullece por dos motivos. Primero por surgir de los países que más seriamente estudian estas enfermedades, y segundo porque es un reconocimiento a la rigurosidad de nuestro trabajo”, dijo Cobeñas. El coordinador general agregó que los “los datos son representativos” porque muestran una radiografía de de la populosa región central de la Argentina, incluyendo áreas de las pampas húmeda y seca.
También se aportarán al “Detect 2” los datos del Centro de Atención al Diabético (CAD), inaugurado el 3 de marzo de 2001, como consecuencia de los resultados arrojados en los estudios. “Si bien el 7,9 por ciento de diabéticos medido en la población venadense se inscribe en la media nacional, detectamos que hay muchos que no respetan la medicación ni la alimentación aconsejadas, porque no saben o porque no pueden. Y otros ni siquiera saben que están enfermos”, sostuvo Cobeñas, en compañía del presidente del Centro Regional, Hernán Roma, uno de los baluartes del “Estudio Venado Tuerto”, durante su primera presidencia. De todos modos, el nutricionista advirtió que la incidencia de la diabetes en Venado (7,9 por ciento) es superior a la descubierta en Dean Funes (7,2 por ciento) y Oncativo (6,2 por ciento), en tanto que en Pehuajó no fue registrada.
Nuevo desafío
“Con esta incorporación a un proyecto internacional tan prestigioso tendremos que perfeccionarnos en algunos aspectos. En breve recibiremos la donación de un nuevo equipo de computación”, adelantó el coordinador del Centro de Atención al Diabético. Sin embargo, con aportes municipales y de cuatro empresas privadas, la entidad sufre constantes apremios económicos para cumplir con los objetivos propuestos. “En los próximos días intensificaremos las gestiones para que la Municipalidad colabore con los bolsones especiales para pacientes diabéticos de menores recursos. Y el otro gran anhelo es la inauguración del comedor, también destinado a diabéticos carecientes, que por lo general son personas solas. Si conseguimos el apoyo de la comunidad para este proyecto, el éxito será doble, pues además de proveer la alimentación adecuda, podremos efectuar los controles médicos correspondientes”, señaló Cobeñas. “La comunidad debe entender que el respaldo a estos proyectos no solo es una actitud humanitaria, sino también de racionalidad económica. Si no es atendido correctamente, el destino del diabético es la incapacidad laboral por amputación o ceguera, o las costosas diálisis, tres veces por semana”, razonó el profesional.
(Publicado el lunes 6 de diciembre de 2004 en diario El Informe)
El análisis político de la semana. Encuestas. Reflexiones. Chismes. Notas de archivo. Un espacio para pensar.
Entrevista a Sabatino Arias
Las relaciones amorosas del vino con el roble y los platosEl sábado 31 de julio y domingo 1 del corriente visitó nuestra ciudad Sabatino Arias para ofrecer charlas y degustaciones en el Instituto de Gastronomía Gourmet, Gaúcho Bar (organizado por La Viña y La Cofradía del Vino) y Babel (promovido por Bordeaux). Aun cuando el motivo de la reunión era presentar la nueva colección de variatales San Felipe Roble de la bodega fundada en 1885 por don Felipe Rutini, los conocimientos de Arias -conductor de “Y que vuelen los ángeles” en AM 590 los domingos a la medianoche- sobre la historia del vino sedujeron a la concurrencia que el sábado colmó la capacidad del bar de 25 de Mayo y San Martín y el domingo ocurrió lo propio en Babel en el marco de una cena. En la tarde del sábado, una de las aulas de Gourmet también había desbordado de alumnos ávidos de aprender con Sabatino.
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“La gran acción de marketing de Jesucristo, cuando dijo ‘beberás mi sangre’ fue posterior al nacimiento del vino. Hay historia escrita desde hace 7 mil años (...) Hace un par de años se conoció el hallazgo de tinajas de uvas en el Mar Negro que tendrían mucho más de 10 mil años de existencia”, arrancó Sabatino, entre bromista e historiador.“Es muy bueno saber de vinos; saber es adquirir capacidad de saborear, y opinar en consecuencia. Y ese saber también incluye la moderación: hay que hablar de vinos, no hablar por el vino”, recomendó el enólogo.
Luego, describió que la Argentina, luego de largo estancamiento, recién se desarrolló en materia de vinos a partir de 1965, con la fundación de la Facultad de Enología “Don Bosco” en Rodeo del Medio (Mendoza). “Allí comienza una revolución de la vitivinicultura argentina. Empezaron a formarse profesionales terciarios”, destacó quien hoy se desempeña como docente de esa casa de altos estudios cuyana, de cuyas aulas el año pasado egresaron los dos primeros doctores en enología.
Más adelante, Sabatino explicó el origen de los varietales, vinculado al interés del gobierno estadounidense por limitar la tendencia de su población al consumo de vinos franceses e italianos. “Después de profundos estudios de mercado, inventaron el vino varietal (una sola uva), un concepto que en Francia no se usaba, pues producía vinos por región. Y esa búsqueda se adaptaba a las nuevas modas de los ’70, con mayor cuidado por la estética y el cuidado físico. A partir del varietal, se habla de vinos jóvenes, frutados, frescos, mientras que antes debían ser amaderados. Hoy se interpreta que un vino que exagera sus notas de madera, está mal hecho. Ninguna de las expresiones tiene que romper la armonía. El vino tiene que ser redondo, equilibrado. La madera debe jugar un papel importante, pero nunca no ser la protagonista. Los varietales, que son vinos más frescos y más ligeros, también nacieron para acompañar la nueva dieta. Y las mujeres también aceptaron ese nuevo vino tinto, que hasta entonces prefería los blancos”.
“Con la revolución de los varietales, comienzan a aparecer numerosas variedades de blancos y de tintos. De pronto, era necesaria una enciclopedia para elegir un vino”, volvió a bromear Sabatino.
Obra de arte
“Cuando uno está ante una copa de vino, es como si se encontrara delante de un cuadro o de una escultura o de una ópera. Si uno cuenta con la suficiente información, disfruta mucho más de ese arte. Cuando uno sabe qué hay detrás, cuando conoce cómo se gestó, cuál fue la inspiración, todo eso ayuda en la contemplación, en el saborear la obra de arte, cualquiera sea. Y con los vinos ocurre lo mismo, por eso es tan importante conocer desde el nacimento en el viñedo hasta su desarrollo posterior”, subrayó el director de cursos del Buenos Aires Sheraton Hotel.“Cuando los vinos llegan al roble, adquieren, gracias a la porosidad de la madera, la microoxigenación necesaria para seguir evolucionando dentro de la barrica. Los vinos con un paso por roble son mejor apreciados, es como un signo de respaldo. El roble, que es hijo de la tierra, igual que la vid, aporta taninos, que se combinan con los de la uva, que son los que enriquecen y potencian las expresiones (aromas y sabores) de cada uno de los frutos. El roble y el vino son una pareja indisoluble. Es indudable que el consumidor más exigente buscará los vinos con roble, un potencializador de las características naturales”, acotó Sabatino.
Las distintas clases de roble confieren al vino características singulares, como así también cuando se encierra en un hábitat más pequeño, como una botella de 750 centímetros cúbicos. En ellas, cada vino evoluciona de manera diferente. “Ustedes, más de una vez, habrán comprado una caja de vino de la misma bodega y de la misma cosecha, pero al destapar las botellas descubren que no son iguales. Al ingresar en la botella, cada vino empieza a jugar su propio partido, mediante el proceso natural que ocurre allí dentro. Hay vinos que son guardados en la bodega uno o dos años y salen a la calle muy jóvenes. Es el caso de los varietales, pensados para ser bebidos más jóvenes, apenas salen de la ‘casa materna’, porque es cuando expresan mayor cantidad de notas frutales y florales. Si no se beben jóvenes, si se los guarda, pierden esas expresiones. Distinto es el caso de los vinos que están criados para enriquecerse en el tiempo, a través de una guarda de cuatro, cinco o seis años, por ejemplo. Y esto tiene un costo, tener que guardar un vino, se refleja en un precio mayor”, destacó Arias en la comparación de precios entre un vino de guarda y un varietal. “Hay quienes dicen que no puede justificarse que un Rutini cueste 250 pesos la botella. Pero hay que hacer ese vino para saber cuánto cuesta. Hay que afrontar los riesgos que depara una única cosecha anual, el proceso en el viñedo, una rigurosa selección de uvas, y la madera, la guarda, la botella, y tantos otros detalles. Si estoy elaborando un producto sumamente noble, de alto linaje, tengo que cobrarlo a ese precio, porque el año que me falle la cosecha, nadie vendrá a salvarme. El vino es un producto que depende de la naturaleza, es casi azaroso, por eso es que hay vinos de precios tan diferentes”, ilustró Arias.
“En las diferencias de precio entre dos vinos de Bodega La Rural, como Felipe Rutini, que cuesta más de 200 pesos, y un varietal de San Felipe Roble, influye mucho la madera que cobija a estos vinos. Un San Felipe se almacena en grandes barricas que no requieren la misma atención de un Rutini, que se guarda en barricas de 220 litros. Una de estas barricas de madera cuesta 750 dólares, y dura una cosecha y media promedio. Por eso es que los vinos aumentaron tanto a partir de la devaluación”, justificó.
Mitos y placeres
“Mi amigo, el Gato Dumas, sostenía que la gente debía comer el plato que quería con el vino que se le ocurría. Siempre nos peléabamos, porque yo pienso que cualquier vino no combina con cualquier plato. Una de las referencias está en el color de los alimentos que, en general, define el color del vino y viceversa. Aunque también es cierto que hay comidas de colores claros y suaves, pero muy condimentadas, que exigen vinos tintos”, aclaró.Otro de los mitos atacados por Sabatino es el de los vinos intensos para el asado. "Si el vino tiene mucho carácter, le resta expresión al asado, porque satura el paladar e impide apreciar el vedadero sabor de la carne. Tiene que haber un matrimonio entre el vino y el plato. Si no hay equilibrio, uno u otro saturan. Y, en todos los casos, el agua en la mesa, ese otro regalo de Dios, es fundamental. En cualquier reunión donde uno come y bebe, después de tres o cuatro bocados, el paladar empieza a saturarse, por las características de los alimentos, el condimento o la alta temperatura. Y llega un momento en que uno disfruta del alimento porque recuerda de qué se trata, pero ya no porque sienta las expresiones en boca y nariz. Cuando uno se detiene para enjuagar la boca, para pasear el agua en la boca, el paladar se refresca y se puede continuar como si recién se empezara, tanto con el plato, como con el vino. Así es como renace el placer por lo que se come y lo que se bebe. Y otro detalle importante es que, así, uno bebe menos y bebe mejor. A la sed hay que apagarla con el agua y no con el vino. Hay que acostumbrarse a esa interrupción para darle lugar al agua”, reforzó Sabatino. “Cuando se come y se bebe placenteramente, no hay que olvidar que hay un aparato digestivo en funcionamiento, al cual también hay que respetar para la continuidad de la vida en un armónico equilibrio”, alertó.
Primera línea. “Entre los grandes productores de vino, se sitúan, en ese orden: Italia, Francia, España, Estados Unidos y Argentina. Y no hay un sexto, porque el otro pelotón viene muy lejos. Y medido desde el consumo, el primero es Francia, el segundo es Italia, y el tercer escalón del podio lo ocupan, alternativamente, Argentina y España”.
Whisky en vino. “Los mejores whiskies escoceses, tan venerados por su aroma, color y sabor, se terminan de elaborar con la misma madera que antes guardó vino en sus entrañas. Hasta ese nivel llega la magia del vino, es capaz de perfeccionar las cualidades de los mejores whiskies”.
(Publicado el 11 de agosto de 2004 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Freyre se fue para reforzar el Gabinete y Pieli prometió fidelidad al scottismo
Como lo había anticipado el intendente Scott el 9 del corriente, José Luis Freyre abandonó el Concejo para regresar al Departamento Ejecutivo, donde se había desempeñado como subsecretario de Acción Social. Ayer, a poco más de seis meses de asumir el mandato, Freyre confirmó a los venadenses su renuncia a la banca y la inminente ocupación de la Secretaría de Coordinación de Gabinete. Aunque poco se conoce aún sobre las características de sus nuevas responsabilidades, se supone que Freyre hará las veces de “superministro” de Scott y estará bien lejos del oscuro rol de “coordinador de secretarías” que el burocrático nombre del cargo sugiere.
No es el objetivo tecnocrático de conformar un Gabinete más prolijo y mejor articulado el que apuró en San Martín y Marconi el “Operativo Retorno” de Freyre, sino las acuciantes necesidades políticas de Scott. A partir del cercano 2005, el intendente comenzará a sufrir los efectos del temido “síndrome del último mandato”, caracterizado por una incipiente dispersión de fuerzas ante la posibilidad de cambios de signo político en la administración municipal. Esta tendencia al desgobierno y el “sálvese quien pueda” de las últimas etapas, agravada en este caso por la creciente interna scottista, solamente puede neutralizarse con la promesa de una sucesión segura y confiable, como la que podría representar Freyre.
Así como el regreso del yerno pródigo contempla esta especulación defensiva, la estrategia también reconoce una versión ofensiva, pues la salida de Freyre dejará a Scott el camino expedito para intensificar una de sus prácticas políticas favoritas: bombardear “sin culpas” al Concejo, y mejor aún si en él habita Roberto Meier, considerado el adversario más inquietante por el propio Scott y su entorno.
Como se observa, el intendente contaba con motivos políticos para justificar esta movida, aun cuando la misma pueda afectar, más adelante, la confianza de los votantes en próximas candidaturas oficialistas. Y también los tenía Freyre, que nunca consiguió destacarse en el Concejo como lo hacía en Acción Social, tal vez porque nunca se desprendió de sus funciones ejecutivas. En estas condiciones, la dimisión de “Poroto” parece razonable, sobre todo si no forma parte de sus ambiciones inmediatas una proyección política propia, en cuyo caso una concejalía habría sido un inmejorable trampolín, como lo hicieron otros jóvenes peronistas (Juan Manzini, Ricardo Spinozzi y Jorge Lagna). En su análisis político, el psicólogo habrá advertido que, hoy, su lugar en el mundo es bien cercano a Scott, como así también que en el Concejo le esperaban malos momentos ante una oposición que es mayoritaria y suele estar muy enfrentada con el intendente. Sin ir más lejos, en la última sesión -con Freyre ausente- los otros tres ediles oficialistas rechazaron el reclamo opositor de la publicación del Boletín Oficial. Una y otra vez, los concejales de Scott son obligados a defender lo indefendible. Y ellos soportan las consecuencias políticas de los dislates ejecutivos sin chistar, porque fue el propio intendente el que los seleccionó y a él deben obediencia ciega, pero el caso de “Poroto” es distinto, pues el candidato scottista para la sucesión en el sillón de Aufranc debe ser preservado en cuanto sea posible.
El fuerte efecto político del salto de Freyre opacó, injustamente, el arribo al Concejo de Bibiana Pieli -asume en la sesión de mañana-, una docente con antecedentes combativos y progresistas, que ocupó el tercer escalón (cupo femenino) de la lista de Scott en las elecciones de septiembre pasado. Sin embargo, en la misma conferencia de prensa donde se confirmaron la renuncia de uno y la asunción de otra, Pieli adquirió trascendencia en sus primeras declaraciones despegándose tanto de su relación política con Roberto Meier como de su actual afiliación a la agrupación Pueblo. Este primer posicionamiento político podría vincularse con aquel anuncio de Scott del 9 de junio, donde mencionó a Federico Longobardi como eventual reemplazante de Freyre (cuarto en la lista) y poco menos que descartó a la sucesora natural. Con mesura y contundencia, Bibiana Pieli cuestionó las metodologías de trabajo de Meier, elogió las de Freyre y así disipó las dudas subsistentes en el universo scottista -temeroso del “efecto Turcato”- sobre su futuro alineamento político en el Concejo.
(Publicado el lunes 28 de junio de 2004 en diario El Informe de Venado Tuerto)
No es el objetivo tecnocrático de conformar un Gabinete más prolijo y mejor articulado el que apuró en San Martín y Marconi el “Operativo Retorno” de Freyre, sino las acuciantes necesidades políticas de Scott. A partir del cercano 2005, el intendente comenzará a sufrir los efectos del temido “síndrome del último mandato”, caracterizado por una incipiente dispersión de fuerzas ante la posibilidad de cambios de signo político en la administración municipal. Esta tendencia al desgobierno y el “sálvese quien pueda” de las últimas etapas, agravada en este caso por la creciente interna scottista, solamente puede neutralizarse con la promesa de una sucesión segura y confiable, como la que podría representar Freyre.
Así como el regreso del yerno pródigo contempla esta especulación defensiva, la estrategia también reconoce una versión ofensiva, pues la salida de Freyre dejará a Scott el camino expedito para intensificar una de sus prácticas políticas favoritas: bombardear “sin culpas” al Concejo, y mejor aún si en él habita Roberto Meier, considerado el adversario más inquietante por el propio Scott y su entorno.
Como se observa, el intendente contaba con motivos políticos para justificar esta movida, aun cuando la misma pueda afectar, más adelante, la confianza de los votantes en próximas candidaturas oficialistas. Y también los tenía Freyre, que nunca consiguió destacarse en el Concejo como lo hacía en Acción Social, tal vez porque nunca se desprendió de sus funciones ejecutivas. En estas condiciones, la dimisión de “Poroto” parece razonable, sobre todo si no forma parte de sus ambiciones inmediatas una proyección política propia, en cuyo caso una concejalía habría sido un inmejorable trampolín, como lo hicieron otros jóvenes peronistas (Juan Manzini, Ricardo Spinozzi y Jorge Lagna). En su análisis político, el psicólogo habrá advertido que, hoy, su lugar en el mundo es bien cercano a Scott, como así también que en el Concejo le esperaban malos momentos ante una oposición que es mayoritaria y suele estar muy enfrentada con el intendente. Sin ir más lejos, en la última sesión -con Freyre ausente- los otros tres ediles oficialistas rechazaron el reclamo opositor de la publicación del Boletín Oficial. Una y otra vez, los concejales de Scott son obligados a defender lo indefendible. Y ellos soportan las consecuencias políticas de los dislates ejecutivos sin chistar, porque fue el propio intendente el que los seleccionó y a él deben obediencia ciega, pero el caso de “Poroto” es distinto, pues el candidato scottista para la sucesión en el sillón de Aufranc debe ser preservado en cuanto sea posible.
El fuerte efecto político del salto de Freyre opacó, injustamente, el arribo al Concejo de Bibiana Pieli -asume en la sesión de mañana-, una docente con antecedentes combativos y progresistas, que ocupó el tercer escalón (cupo femenino) de la lista de Scott en las elecciones de septiembre pasado. Sin embargo, en la misma conferencia de prensa donde se confirmaron la renuncia de uno y la asunción de otra, Pieli adquirió trascendencia en sus primeras declaraciones despegándose tanto de su relación política con Roberto Meier como de su actual afiliación a la agrupación Pueblo. Este primer posicionamiento político podría vincularse con aquel anuncio de Scott del 9 de junio, donde mencionó a Federico Longobardi como eventual reemplazante de Freyre (cuarto en la lista) y poco menos que descartó a la sucesora natural. Con mesura y contundencia, Bibiana Pieli cuestionó las metodologías de trabajo de Meier, elogió las de Freyre y así disipó las dudas subsistentes en el universo scottista -temeroso del “efecto Turcato”- sobre su futuro alineamento político en el Concejo.
(Publicado el lunes 28 de junio de 2004 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Entrevista a Miguel Angel Santos Guerra
Evaluar para incluir, no para excluir
El Centro Educativo “Nicolás Avellaneda” (Alejo Ledesma) organizó el sábado último una “Jornada de Reflexión sobre Evaluación Institucional”, coordinada por el experto español Miguel Angel Santos Guerra. Asistieron docentes, directivos, padres y estudiantes de toda la región. El disertante fue declarado “Huésped de Honor” por el intendente de la ciudad.
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En la apertura, Santos Guerra fue declarado “Huésped de Honor” por el intendente Oscar Regñícoli, y distinguido por la Asociación de Escritores Ledesmenses.
La didáctica disertación -basada en la evaluación del alumnado, de las escuelas y del sistema- contó con la presencia de más de 150 personas, entre docentes, directivos, estudiantes y padres.
El autor de “Evaluar es comprender” destacó, ante el calificado auditorio, que la evaluación debe ser concebida como “un medio para conocer, compartir y cambiar”, y no solo para “comprobar, medir y controlar”. Con el mismo énfasis, sentenció que “nunca debe ser usada para discriminar y excluir”.
Cuestionador de los enfoques tradicionales, Santos Guerra alertó sobre los perjuicios que ocasiona “una perspectiva hegemónica de la inquietud evaluadora”, según la cual “sólo es evaluable el alumno”. Para el catedrático, deberían estar sujetos a la evaluación todos los componentes del sistema.
“Dime lo que piensas de la evaluación y te diré qué tipo de profesional eres, e incluso, qué tipo de persona”, afirmó el doctor en Ciencias de la Educación. Y subrayó en otro tramo: “Me preocupa muchísimo que de instituciones que estamos para enseñar a amar el conocimiento, salgan personas que acaban odiándolo por la forma que tenemos de enseñar”.
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- Miguel, ¿usted cree que los docentes pueden despojarse de los modelos tradicionales de evaluación en que fueron formados? A pesar del perfeccionamiento y la voluntad, ¿es posible quebrar esa inercia para innovar?
- Uno de los peligros más graves para la práctica docente es la rutina, pues las demandas sobre la escuela, las situaciones de los escolares, las funciones que tienen que desempeñar los docentes, son cambiantes, no son eternas. Entonces es muy importante que haya mecanismos que, en forma continua, incorporen en el sistema la reflexión para la comprensión y la mejora. Uno de mis últimos libros se denomina “La escuela que aprende”, no solo que enseña, sino que aprende. Si no se hacen replanteos, la escuela perpetuará los errores, seguirá repitiendo algunas falsedades a causa de no analizar sus propias prácticas, de no atender a las demandas, de no medir los resultados. Es indispensable preguntarse cómo haremos las cosas este año en la escuela en lugar de repetir lo que hicimos el año pasado. A veces los diagnósticos institucionales son muy poco rigurosos y muy interesados.
- También los docentes caen en la misma rutina de las instituciones...
- Exactamente. El mismo análisis cabe para el docente individualmente, que a veces cae en la rutina por comodidad. La alternativa superadora es encarar procesos de reflexión rigurosos: unos, nacidos de la propia entraña de la escuela, y otros, de las exigencias democráticas de la sociedad respecto a la escuela. Suponga usted que de un quirófano sale un cadáver tras otro... aunque los cirujanos se resistieran, la sociedad exigiría cambios, el control democrático de la sociedad tendría que intervenir para impedir la continuidad del desastre. Este control democrático puede establecerse a través de los responsables políticos y de la presencia comprometida de la familia en las instituciones.
Así como señalo que uno de los peligros que acecha a la escuela es la rutina, también advierto sobre los riesgos de la burocratización de las innovaciones. Este fenómeno se origina cuando se introducen cambios que no son fruto de la reflexión de todos los miembros de la comunidad. Como no inspiran nada, se convierten en documentos inertes, en leyes escritas que nadie cumple.
- Nuestro país estableció una nueva Ley Federal de Educación que adoptó entre sus referentes el “modelo español”. ¿Está conforme con los resultados de la implementación en su país?
- Yo disiento con los que hablan de un fracaso de la reforma educativa en España. La ley ha mostrado logros incontrovertibles, como la ampliación en dos años de la escolaridad, esto es un éxito para un país tan grande. Es cierto que, con esta mayor integración, se evidencian problemas que antes no se percibían. Pero el sistema se ha democratizado con una mayor atención a la evaluación cualitativa, a la dimensión de educación en valores, a la diversidad. Se trata de una ley de extraordinario potencial pedagógico, aun cuando conservo mis dudas de que los cambios profundos en el sistema educativo puedan hacerse con eficiencia a través de leyes. No puedo, por una ley, garantizar que los profesores sean más participativos, más sensibles, más democráticos. Puedo decirlo en la ley, otra cosa es que se haga.
- A veces hace falta un poco más que la sanción de una ley.
- Ni lo dude. Hay cambios cualitativos en la educación que solamente pueden producirse mejorando la formación de los docentes, optimizando las condiciones de trabajo en la escuela, liberando más recursos a la educación. Las sociedades no cambian por decreto, las leyes son necesarias, pero por sí solas no llegan al corazón de muchas prácticas, pues no modifican lo sustancial, no cambian las actitudes, ni las voluntades ni las concepciones.
- En la Argentina es muy común que se impongan leyes sin los recursos económicos para desarrollarlas.
- La puesta en marcha de una ley exige la liberación de recursos adecuados para llevarla a cabo. Y, a veces, una buena disposición legal se queda en letra muerta por obstáculos económicos para concretarla. Si se pretende aumentar la atención a la diversidad de los alumnos, el principio es muy pertinente, pero si no se liberan los recursos, y el profesor sigue con 30 alumnos en el aula, no es posible hacerlo, aunque la legislación lo determine.
Muchas veces los cambios mediante la legislación tranquilizan la conciencia de los políticos porque ya han dicho a los profesores cómo tienen que hacer las cosas. Pero ellos han dejado sin hacer lo que tenían que hacer: liberar recursos para la formación de los alumnos, la organización de las instituciones y la remuneración de los docentes.
- Otro de los males históricos de nuestro país es designar improvisados en la administración de las políticas educativas. El presidente Kirchner corrigió esa tendencia con el nombramiento de Daniel Filmus en el Ministerio de Educación, ¿qué opinión le merece esa situación?
- Esos hábitos irracionales que usted denuncia son muy usuales en muchos lugares del mundo. Yo no pondría un poeta a dirigir el aeropuerto de Ezeiza ni a un literato al mando de un hospital. Tampoco quiero contadores ni ingenieros en la conducción de políticas educativas. Para administrar determinadas áreas, tan estratégicas, no solo hay que conocer, sino que también hay que ser sensible. Hay que sentir la influencia decisiva de la educación en la sociedad. La verdad es que celebré el nombramiento de Filmus porque conozco sus antecedentes en la educación. Si bien su única experiencia áulica la desarrolló en el ámbito universitario, su sensibilidad le permitirá compensarla rodeándose de personas conocedoras de los demás niveles. Si es capaz de hacerlo, los argentinos están en un muy buen punto de partida.
María Silvana Fantasía (Profesora en Ciencias de la Educación)
(Publicada el viernes 25 de junio de 2004 en diario El Informe de Venado Tuerto)
El Centro Educativo “Nicolás Avellaneda” (Alejo Ledesma) organizó el sábado último una “Jornada de Reflexión sobre Evaluación Institucional”, coordinada por el experto español Miguel Angel Santos Guerra. Asistieron docentes, directivos, padres y estudiantes de toda la región. El disertante fue declarado “Huésped de Honor” por el intendente de la ciudad.
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En la apertura, Santos Guerra fue declarado “Huésped de Honor” por el intendente Oscar Regñícoli, y distinguido por la Asociación de Escritores Ledesmenses.
La didáctica disertación -basada en la evaluación del alumnado, de las escuelas y del sistema- contó con la presencia de más de 150 personas, entre docentes, directivos, estudiantes y padres.
El autor de “Evaluar es comprender” destacó, ante el calificado auditorio, que la evaluación debe ser concebida como “un medio para conocer, compartir y cambiar”, y no solo para “comprobar, medir y controlar”. Con el mismo énfasis, sentenció que “nunca debe ser usada para discriminar y excluir”.
Cuestionador de los enfoques tradicionales, Santos Guerra alertó sobre los perjuicios que ocasiona “una perspectiva hegemónica de la inquietud evaluadora”, según la cual “sólo es evaluable el alumno”. Para el catedrático, deberían estar sujetos a la evaluación todos los componentes del sistema.
“Dime lo que piensas de la evaluación y te diré qué tipo de profesional eres, e incluso, qué tipo de persona”, afirmó el doctor en Ciencias de la Educación. Y subrayó en otro tramo: “Me preocupa muchísimo que de instituciones que estamos para enseñar a amar el conocimiento, salgan personas que acaban odiándolo por la forma que tenemos de enseñar”.
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- Miguel, ¿usted cree que los docentes pueden despojarse de los modelos tradicionales de evaluación en que fueron formados? A pesar del perfeccionamiento y la voluntad, ¿es posible quebrar esa inercia para innovar?
- Uno de los peligros más graves para la práctica docente es la rutina, pues las demandas sobre la escuela, las situaciones de los escolares, las funciones que tienen que desempeñar los docentes, son cambiantes, no son eternas. Entonces es muy importante que haya mecanismos que, en forma continua, incorporen en el sistema la reflexión para la comprensión y la mejora. Uno de mis últimos libros se denomina “La escuela que aprende”, no solo que enseña, sino que aprende. Si no se hacen replanteos, la escuela perpetuará los errores, seguirá repitiendo algunas falsedades a causa de no analizar sus propias prácticas, de no atender a las demandas, de no medir los resultados. Es indispensable preguntarse cómo haremos las cosas este año en la escuela en lugar de repetir lo que hicimos el año pasado. A veces los diagnósticos institucionales son muy poco rigurosos y muy interesados.
- También los docentes caen en la misma rutina de las instituciones...
- Exactamente. El mismo análisis cabe para el docente individualmente, que a veces cae en la rutina por comodidad. La alternativa superadora es encarar procesos de reflexión rigurosos: unos, nacidos de la propia entraña de la escuela, y otros, de las exigencias democráticas de la sociedad respecto a la escuela. Suponga usted que de un quirófano sale un cadáver tras otro... aunque los cirujanos se resistieran, la sociedad exigiría cambios, el control democrático de la sociedad tendría que intervenir para impedir la continuidad del desastre. Este control democrático puede establecerse a través de los responsables políticos y de la presencia comprometida de la familia en las instituciones.
Así como señalo que uno de los peligros que acecha a la escuela es la rutina, también advierto sobre los riesgos de la burocratización de las innovaciones. Este fenómeno se origina cuando se introducen cambios que no son fruto de la reflexión de todos los miembros de la comunidad. Como no inspiran nada, se convierten en documentos inertes, en leyes escritas que nadie cumple.
- Nuestro país estableció una nueva Ley Federal de Educación que adoptó entre sus referentes el “modelo español”. ¿Está conforme con los resultados de la implementación en su país?
- Yo disiento con los que hablan de un fracaso de la reforma educativa en España. La ley ha mostrado logros incontrovertibles, como la ampliación en dos años de la escolaridad, esto es un éxito para un país tan grande. Es cierto que, con esta mayor integración, se evidencian problemas que antes no se percibían. Pero el sistema se ha democratizado con una mayor atención a la evaluación cualitativa, a la dimensión de educación en valores, a la diversidad. Se trata de una ley de extraordinario potencial pedagógico, aun cuando conservo mis dudas de que los cambios profundos en el sistema educativo puedan hacerse con eficiencia a través de leyes. No puedo, por una ley, garantizar que los profesores sean más participativos, más sensibles, más democráticos. Puedo decirlo en la ley, otra cosa es que se haga.
- A veces hace falta un poco más que la sanción de una ley.
- Ni lo dude. Hay cambios cualitativos en la educación que solamente pueden producirse mejorando la formación de los docentes, optimizando las condiciones de trabajo en la escuela, liberando más recursos a la educación. Las sociedades no cambian por decreto, las leyes son necesarias, pero por sí solas no llegan al corazón de muchas prácticas, pues no modifican lo sustancial, no cambian las actitudes, ni las voluntades ni las concepciones.
- En la Argentina es muy común que se impongan leyes sin los recursos económicos para desarrollarlas.
- La puesta en marcha de una ley exige la liberación de recursos adecuados para llevarla a cabo. Y, a veces, una buena disposición legal se queda en letra muerta por obstáculos económicos para concretarla. Si se pretende aumentar la atención a la diversidad de los alumnos, el principio es muy pertinente, pero si no se liberan los recursos, y el profesor sigue con 30 alumnos en el aula, no es posible hacerlo, aunque la legislación lo determine.
Muchas veces los cambios mediante la legislación tranquilizan la conciencia de los políticos porque ya han dicho a los profesores cómo tienen que hacer las cosas. Pero ellos han dejado sin hacer lo que tenían que hacer: liberar recursos para la formación de los alumnos, la organización de las instituciones y la remuneración de los docentes.
- Otro de los males históricos de nuestro país es designar improvisados en la administración de las políticas educativas. El presidente Kirchner corrigió esa tendencia con el nombramiento de Daniel Filmus en el Ministerio de Educación, ¿qué opinión le merece esa situación?
- Esos hábitos irracionales que usted denuncia son muy usuales en muchos lugares del mundo. Yo no pondría un poeta a dirigir el aeropuerto de Ezeiza ni a un literato al mando de un hospital. Tampoco quiero contadores ni ingenieros en la conducción de políticas educativas. Para administrar determinadas áreas, tan estratégicas, no solo hay que conocer, sino que también hay que ser sensible. Hay que sentir la influencia decisiva de la educación en la sociedad. La verdad es que celebré el nombramiento de Filmus porque conozco sus antecedentes en la educación. Si bien su única experiencia áulica la desarrolló en el ámbito universitario, su sensibilidad le permitirá compensarla rodeándose de personas conocedoras de los demás niveles. Si es capaz de hacerlo, los argentinos están en un muy buen punto de partida.
María Silvana Fantasía (Profesora en Ciencias de la Educación)
(Publicada el viernes 25 de junio de 2004 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Scott puso en marcha el Operativo Retorno
El intendente Roberto Scott lanzó a mediados de esta semana otro de sus acostumbrados “globos de ensayo” a los efectos de medir la repercusión de un importante anuncio, en la ciudad y en la interna del gobierno municipal, como lo es el presunto retorno al Departamento Ejecutivo de José Freyre para desempeñarse en la vacante Jefatura de Gabinete, renuncia al Concejo mediante. El propio Freyre, aunque sorprendido por la osada maniobra mediática del intendente, en una salida elegante admitió -a los seis meses de comenzar el mandato- que le agradan más las tareas ejecutivas que las legislativas.
Desde la semana pasada se insinuaba en los corrillos parlamentarios el pronto retiro de Freyre, sobre todo a partir de la llamativa presencia en las sesiones de los miércoles de Federico Longobardi, el cuarto postulante scottista en las elecciones de septiembre último, detrás del citado Freyre, Gustavo Giner y Bibiana Pieli. Incluso, cuando Scott anunció el posible regreso, también dijo que Pieli podría correrse para facilitar el ingreso de Longobardi, nada menos que el candidato interesado, de un momento a otro, en interiorizarse del funcionamiento del cuerpo legislativo.
Antes de que Freyre asumiera como concejal, el intendente, más de una vez, señaló que al mismo tiempo sería jefe de Acción Social, hasta que el propio Freyre reconoció púbicamente que no incurriría en esa incompatibilidad funcional. Más aún, hasta se aventuró que jamás asumiría, y que solo había encabezado la lista de concejales por tratarse de “la única figura digerible del oficialismo”. Contra estas especulaciones, Freyre ocupó la banca, pero sin desvincularse totalmente del área de Acción Social que depende del Departamento Ejecutivo y es considerada “estratégica” para los intereses scottistas. En estas condiciones, Freyre está lejos del “estrellato ejecutivista” de otros tiempos y su perfil dialoguista tampoco se luce en el Concejo, donde habita una mayoría opositora atrincherada para resistir la ira o la indiferencia del intendente.
Sin protagonismo en ninguno de los dos poderes políticos de la ciudad, las usinas oficialistas temen que se resientan las chances de Freyre como candidato a la sucesión en 2007.
Por otra parte, en San Martín y Marconi no solo aceptan que el delfín perdió la exposición de antaño, sino que la interna municipal se habría desbalanceado seriamente con su ausencia, hasta el punto de poner en riesgo la continuidad del secretario de Obras Públicas, Daniel Dabove, otrora uno de los “hombres fuertes” de la administración y de afinada sintonía con el ex subsecretario.
Así pues, Freyre es tironeado por las necesidades políticas de Scott (internas en el corto plazo y electorales en el largo plazo) y por sus propios escrúpulos. En este sentido, por más disfraces que le busquen, el actual concejal podría quedar involucrado en una típica maniobra electoralista, propia de la vieja política, y contraria a la voluntad popular que lo sentó en el Concejo por cuatro años.
En tanto, Scott hace dos días que evalúa las consecuencias políticas de su anuncio, en el seno del gobierno que lidera, en la opinión pública, y en los medios de comunicación. Según las impresiones que recoja, y más allá de la decisión personal de Freyre, desde la semana próxima impulsará con más énfasis el “Operativo Retorno”, o dejará las cosas como están.
(Publicado el viernes 11 de junio de 2004 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Desde la semana pasada se insinuaba en los corrillos parlamentarios el pronto retiro de Freyre, sobre todo a partir de la llamativa presencia en las sesiones de los miércoles de Federico Longobardi, el cuarto postulante scottista en las elecciones de septiembre último, detrás del citado Freyre, Gustavo Giner y Bibiana Pieli. Incluso, cuando Scott anunció el posible regreso, también dijo que Pieli podría correrse para facilitar el ingreso de Longobardi, nada menos que el candidato interesado, de un momento a otro, en interiorizarse del funcionamiento del cuerpo legislativo.
Antes de que Freyre asumiera como concejal, el intendente, más de una vez, señaló que al mismo tiempo sería jefe de Acción Social, hasta que el propio Freyre reconoció púbicamente que no incurriría en esa incompatibilidad funcional. Más aún, hasta se aventuró que jamás asumiría, y que solo había encabezado la lista de concejales por tratarse de “la única figura digerible del oficialismo”. Contra estas especulaciones, Freyre ocupó la banca, pero sin desvincularse totalmente del área de Acción Social que depende del Departamento Ejecutivo y es considerada “estratégica” para los intereses scottistas. En estas condiciones, Freyre está lejos del “estrellato ejecutivista” de otros tiempos y su perfil dialoguista tampoco se luce en el Concejo, donde habita una mayoría opositora atrincherada para resistir la ira o la indiferencia del intendente.
Sin protagonismo en ninguno de los dos poderes políticos de la ciudad, las usinas oficialistas temen que se resientan las chances de Freyre como candidato a la sucesión en 2007.
Por otra parte, en San Martín y Marconi no solo aceptan que el delfín perdió la exposición de antaño, sino que la interna municipal se habría desbalanceado seriamente con su ausencia, hasta el punto de poner en riesgo la continuidad del secretario de Obras Públicas, Daniel Dabove, otrora uno de los “hombres fuertes” de la administración y de afinada sintonía con el ex subsecretario.
Así pues, Freyre es tironeado por las necesidades políticas de Scott (internas en el corto plazo y electorales en el largo plazo) y por sus propios escrúpulos. En este sentido, por más disfraces que le busquen, el actual concejal podría quedar involucrado en una típica maniobra electoralista, propia de la vieja política, y contraria a la voluntad popular que lo sentó en el Concejo por cuatro años.
En tanto, Scott hace dos días que evalúa las consecuencias políticas de su anuncio, en el seno del gobierno que lidera, en la opinión pública, y en los medios de comunicación. Según las impresiones que recoja, y más allá de la decisión personal de Freyre, desde la semana próxima impulsará con más énfasis el “Operativo Retorno”, o dejará las cosas como están.
(Publicado el viernes 11 de junio de 2004 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Conclusiones de una elección que ratificó al oficialismo y legitimó a una nueva oposición
Con una caída de 7 mil votos, el intendente Scott podrá disfrutar de los favores de sus legisladores provinciales Spinozzi y Lagna, aunque éstos estarán más atentos a los pasos del Lole que a los del Mago. Freyre será el más observado de los ediles. Meier, el político que más creció, tendrá que fortalecer su estructura para enfrentar el nuevo eje de poder. La UCR, que se salvó de la debacle, festejó tanto la reelección de Enrico como la postergación de Meier.
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Pese a la previsible caída de su caudal electoral tras ocho desgastantes años de gobierno -perdió 7 mil votos-, Roberto Scott conservó el poder municipal con la ayuda de los ocho sublemas menores del peronismo (hasta el renunciante Carlos Tejerina colaboró con lo suyo), que le incorporaron el tercio de los votos del lema que el intendente requería para sostenerse en pie. También la ley de lemas era, en este turno, funcional a los intereses del candidato de Pueblo, Roberto Meier, que desde el vamos asomaba como el más fuerte de los cinco postulantes binneristas.
Como lo hizo Scott en sus tiempos de concejal, castigando al Banco Integrado Departamental y la obra de agua potable dematiísta ante el abroquelamiento del resto de la corporación política, ahora fue Meier el que actuó en ese sentido contra las autoridades de la Cooperativa Eléctrica, el nuevo BID de los venadenses. Como en aquella oportunidad, ante los embates de un concejal solitario, la corporación política volvió a resistir desde la trinchera, esta vez con el intendente Scott dentro de ella. En 1994, promediando el tercer mandato, y con Ernesto De Mattía con veleidades de gobernador, la gestión radical se caía a pedazos. Y los certeros golpes de Scott apuraron la entrega del gobierno municipal casi sin resistencias. Esta vez, en cambio, no le alcanzó al Tío con sus fuerzas aún en gestación para imitar aquél desembarco scottista, a pesar de haberse convertido en el político venadense de mayor crecimiento (duplicó su caudal electoral).
El “efecto arrastre” del Lole (perfeccionado con el acotamiento del número de sublemas binneristas y una “supersabana” poblada de apellidos Reutemann), junto con el asistencialismo municipal que mantiene en cautiverio a miles de venadenses y las conocidas alianzas con aceitados aparatos electorales sindicales, permitieron a Scott conservar la Intendencia venadense por cuatro años más. Por supuesto, el carisma y la experiencia del Mago, también influyeron en esta nueva victoria. Tampoco hay que menospreciar la injerencia de los restantes sublemas del PJ que, entre los ocho, contribuyeron con 5 mil decisivos votos al lema. En 1999, el scottismo le había ganado a la Alianza sin necesidad de apelar a los votos obtenidos por los otros sublemas.
Uno de los datos llamativos es que las dos listas promovidas por el scottismo (Hranuelli y Briñón) reunieron menos de 2 mil votos, que no le hubieran alcanzado a Scott para doblegar al lema socialista. En rigor, si no se presentaban los sublemas chipolonistas, el scottismo hubiera inventado otros propios, pero la fotografía electoral, ley de lemas mediante, indica que el firmatense José Chipoloni no solamente deberá ceder la senaduría por General López a Ricardo Spinozzi, sino que las listas venadenses que apadrinó ayudaron a consolidar la re-reelección de Scott.
Con 11 mil votos el intendente y 8 mil el concejal Meier -legitimado como el jefe opositor que faltaba desde la desaparición de Domingo Savino-, esta reciente elección erige a ambos en las figuras políticas más encumbradas de la ciudad, aunque desde el diciembre próximo se inscribirán en esa grilla de notables el scottista Ricardo Spinozzi y, en menor medida, Jorge Lagna -esta vez colgado de Scott y también del Lole-, electos senador provincial y diputado provincial, respectivamente.
Freyre, el más observado
El ingreso al Concejo del subsecretario de Acción Social, José Luis Freyre, constituye uno de las notas sobresalientes del último domingo. Aunque se descontaba su designación, la particularidad es la coincidencia de todos los referentes scottistas en proyectarlo desde ahora como el “candidato natural” a reemplazar a un intendente que en diciembre comenzará el tercer mandato con la adhesión del 30 por ciento de los electores.
Lagna, y principalmente Spinozzi, que aún no asumieron como legisladores provinciales, ya sueñan con las chances que les podría deparar el lanzamiento de la candidatura presidencial de Carlos Reutemann o, en su defecto, la búsqueda de una tercera gobernación santafesina. En cambio, Freyre emerge como el más firme postulante para una próxima Intendencia, que no se empieza a disputar en la campaña electoral -como algunos creen-, sino muchos años antes. Tan bien lo sabe el intendente Scott que por nada del mundo acepta que “Poroto” se desvincule totalmente de la estratégica Acción Social, de enorme influencia electoral en una ciudad con miles de pobres que dependen del asistencialismo municipal. Asimismo, aas diferencias que separan a Meier, Moscoso y Natali del intendente Scott, agigantadas por los roces de la reciente campaña electoral, anuncian un Concejo menos idulgente que el conocido. También el nuevo radicalismo, que empieza a reconocer en Lisandro Enrico a su figura más encumbrada, amenaza con una marca a presión sobre las políticas oficiales.
En este sentido, una de las primeras definiciones políticas post-electorales trascendentes se dilucidará en diciembre, con la definición de la Presidencia del Concejo, que naturalmente debería seguir en manos scottistas durante el próximo período legislativo. Giner, Pedrola y el propio Freyre, son las alternativas para ocupar el segundo escalón del poder político venadense. No hay dudas de que la aparición de Freyre en la oferta legislativa oficialista contribuyó la cuota de racionalidad y pluralismo que, en general, le faltaron a esta administración. Pero ese inmenso capital que atesora “Poroto”, y que seduce incluso a sectores antagónicos al scottismo, podría deteriorarse con la fuerte exposición de una presidencia del Concejo o una jefatura de bloque. Ya sin el bajo perfil de una Subsecretaría, Freyre tendrá que demostrar a propios y extraños, en la tribuna legislativa, si es capaz de imponer el perfil que lo distinguió hasta ahora o si, por el contrario, se mimetiza con la vieja política.
Otra reaparición es la del ex secretario de Gobierno Gustavo Giner, un viejo conocido del intendente, que se ocupa de defender a capa y espada, y en donde sea, los intereses scottistas. El pragmático abogado, que fue uno de los grandes cuestionadores del negocio de la fibra óptica emprendido irregularmente por la Cooperativa Eléctrica, constituirá junto con Miguel Pedrola, el ala combativa del oficialismo. Y Freyre, con el mismo perfil que lo caracteriza en el Plan General y el Consejo Consultivo, buscará transformarse en el factor equilibrante.
Meier, el opositor
Por el lado del progresismo, Roberto Meier tiene varios desafíos en los próximos dos años de gestión. Con Claudio Natali, un edil surgido de las entrañas de la militancia, el Tío tendrá mejor cubiertas las espaldas en el Concejo. Y podrá dedicar más tiempo a fortalecer su estructura partidaria -demasiado céntrica aún-, como así también a tejer políticas de alianzas que lo proyecten con independencia de la continuidad de la ley de lemas. Como el propio Meier lo admite, la relación que lo unió con los radicales en Venado fue forzada por las imposiciones provinciales, pero difícilmente vuelva a concretarse. Sin la contribución radical, la centroizquierda necesitará de un vigoroso y sostenido crecimiento para afirmar en 2007 sus ambiciones de poder en la Municipalidad. Meier no deberá actuar sobre la base ilusoria de los 14 mil votos de esta alianza electoral efímera, sino a partir de sus 8 mil votos genuinos (o los 10 mil que reúne con el socialista Juan Moscoso), cosechados sin asistencialismo y con presupuestos de campaña ínfimos.
Por su parte, Moscoso estuvo lejos de las expectativas depositadas en su postulación a intendente. Y ahora le espera la ardua tarea de relanzar el Partido Socialista en la ciudad, al mismo tiempo que deberá diseñar una estrategia de trabajo en bloque con Meier y Natali. Si durante la campaña hablaron de un cogobierno municipal en caso de accedder cualquiera de los dos a la Intendencia, sería imperdonable que no ratifiquen tamaño compromiso en el Concejo.
En la UCR, no solamente se lamenta la floja actuación de Ernesto De Mattía en su pugna por la senaduría provincial, sino también la mala elección de Delfor Hernández, por lejos el candidato a intendente con mayor inversión publicitaria en nuestra ciudad. La agonía del dematiísmo que administró a la ciudad entre 1983 y 1995 apenas fue compensada por la reelección de Lisandro Enrico como concejal. Y también por el triunfo scottista, que resultó mucho más digerible que una victoria meierista para los radicales venadenses.
Con acierto, la UCR había conciliado una lista única de concejales para impedir la catástrofe tan temida, en un acuerdo que incluyó una lista común para las legislativas de 2005, que seguramente encabezará Hernández, postergando así una proyección más resuelta de Enrico, pues con otro edil de su sector entre 2005 y 2007, habría fortalecido sus confesas aspiraciones de intendente.
(Publicado el viernes 12 de septiembre de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)
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Pese a la previsible caída de su caudal electoral tras ocho desgastantes años de gobierno -perdió 7 mil votos-, Roberto Scott conservó el poder municipal con la ayuda de los ocho sublemas menores del peronismo (hasta el renunciante Carlos Tejerina colaboró con lo suyo), que le incorporaron el tercio de los votos del lema que el intendente requería para sostenerse en pie. También la ley de lemas era, en este turno, funcional a los intereses del candidato de Pueblo, Roberto Meier, que desde el vamos asomaba como el más fuerte de los cinco postulantes binneristas.
Como lo hizo Scott en sus tiempos de concejal, castigando al Banco Integrado Departamental y la obra de agua potable dematiísta ante el abroquelamiento del resto de la corporación política, ahora fue Meier el que actuó en ese sentido contra las autoridades de la Cooperativa Eléctrica, el nuevo BID de los venadenses. Como en aquella oportunidad, ante los embates de un concejal solitario, la corporación política volvió a resistir desde la trinchera, esta vez con el intendente Scott dentro de ella. En 1994, promediando el tercer mandato, y con Ernesto De Mattía con veleidades de gobernador, la gestión radical se caía a pedazos. Y los certeros golpes de Scott apuraron la entrega del gobierno municipal casi sin resistencias. Esta vez, en cambio, no le alcanzó al Tío con sus fuerzas aún en gestación para imitar aquél desembarco scottista, a pesar de haberse convertido en el político venadense de mayor crecimiento (duplicó su caudal electoral).
El “efecto arrastre” del Lole (perfeccionado con el acotamiento del número de sublemas binneristas y una “supersabana” poblada de apellidos Reutemann), junto con el asistencialismo municipal que mantiene en cautiverio a miles de venadenses y las conocidas alianzas con aceitados aparatos electorales sindicales, permitieron a Scott conservar la Intendencia venadense por cuatro años más. Por supuesto, el carisma y la experiencia del Mago, también influyeron en esta nueva victoria. Tampoco hay que menospreciar la injerencia de los restantes sublemas del PJ que, entre los ocho, contribuyeron con 5 mil decisivos votos al lema. En 1999, el scottismo le había ganado a la Alianza sin necesidad de apelar a los votos obtenidos por los otros sublemas.
Uno de los datos llamativos es que las dos listas promovidas por el scottismo (Hranuelli y Briñón) reunieron menos de 2 mil votos, que no le hubieran alcanzado a Scott para doblegar al lema socialista. En rigor, si no se presentaban los sublemas chipolonistas, el scottismo hubiera inventado otros propios, pero la fotografía electoral, ley de lemas mediante, indica que el firmatense José Chipoloni no solamente deberá ceder la senaduría por General López a Ricardo Spinozzi, sino que las listas venadenses que apadrinó ayudaron a consolidar la re-reelección de Scott.
Con 11 mil votos el intendente y 8 mil el concejal Meier -legitimado como el jefe opositor que faltaba desde la desaparición de Domingo Savino-, esta reciente elección erige a ambos en las figuras políticas más encumbradas de la ciudad, aunque desde el diciembre próximo se inscribirán en esa grilla de notables el scottista Ricardo Spinozzi y, en menor medida, Jorge Lagna -esta vez colgado de Scott y también del Lole-, electos senador provincial y diputado provincial, respectivamente.
Freyre, el más observado
El ingreso al Concejo del subsecretario de Acción Social, José Luis Freyre, constituye uno de las notas sobresalientes del último domingo. Aunque se descontaba su designación, la particularidad es la coincidencia de todos los referentes scottistas en proyectarlo desde ahora como el “candidato natural” a reemplazar a un intendente que en diciembre comenzará el tercer mandato con la adhesión del 30 por ciento de los electores.
Lagna, y principalmente Spinozzi, que aún no asumieron como legisladores provinciales, ya sueñan con las chances que les podría deparar el lanzamiento de la candidatura presidencial de Carlos Reutemann o, en su defecto, la búsqueda de una tercera gobernación santafesina. En cambio, Freyre emerge como el más firme postulante para una próxima Intendencia, que no se empieza a disputar en la campaña electoral -como algunos creen-, sino muchos años antes. Tan bien lo sabe el intendente Scott que por nada del mundo acepta que “Poroto” se desvincule totalmente de la estratégica Acción Social, de enorme influencia electoral en una ciudad con miles de pobres que dependen del asistencialismo municipal. Asimismo, aas diferencias que separan a Meier, Moscoso y Natali del intendente Scott, agigantadas por los roces de la reciente campaña electoral, anuncian un Concejo menos idulgente que el conocido. También el nuevo radicalismo, que empieza a reconocer en Lisandro Enrico a su figura más encumbrada, amenaza con una marca a presión sobre las políticas oficiales.
En este sentido, una de las primeras definiciones políticas post-electorales trascendentes se dilucidará en diciembre, con la definición de la Presidencia del Concejo, que naturalmente debería seguir en manos scottistas durante el próximo período legislativo. Giner, Pedrola y el propio Freyre, son las alternativas para ocupar el segundo escalón del poder político venadense. No hay dudas de que la aparición de Freyre en la oferta legislativa oficialista contribuyó la cuota de racionalidad y pluralismo que, en general, le faltaron a esta administración. Pero ese inmenso capital que atesora “Poroto”, y que seduce incluso a sectores antagónicos al scottismo, podría deteriorarse con la fuerte exposición de una presidencia del Concejo o una jefatura de bloque. Ya sin el bajo perfil de una Subsecretaría, Freyre tendrá que demostrar a propios y extraños, en la tribuna legislativa, si es capaz de imponer el perfil que lo distinguió hasta ahora o si, por el contrario, se mimetiza con la vieja política.
Otra reaparición es la del ex secretario de Gobierno Gustavo Giner, un viejo conocido del intendente, que se ocupa de defender a capa y espada, y en donde sea, los intereses scottistas. El pragmático abogado, que fue uno de los grandes cuestionadores del negocio de la fibra óptica emprendido irregularmente por la Cooperativa Eléctrica, constituirá junto con Miguel Pedrola, el ala combativa del oficialismo. Y Freyre, con el mismo perfil que lo caracteriza en el Plan General y el Consejo Consultivo, buscará transformarse en el factor equilibrante.
Meier, el opositor
Por el lado del progresismo, Roberto Meier tiene varios desafíos en los próximos dos años de gestión. Con Claudio Natali, un edil surgido de las entrañas de la militancia, el Tío tendrá mejor cubiertas las espaldas en el Concejo. Y podrá dedicar más tiempo a fortalecer su estructura partidaria -demasiado céntrica aún-, como así también a tejer políticas de alianzas que lo proyecten con independencia de la continuidad de la ley de lemas. Como el propio Meier lo admite, la relación que lo unió con los radicales en Venado fue forzada por las imposiciones provinciales, pero difícilmente vuelva a concretarse. Sin la contribución radical, la centroizquierda necesitará de un vigoroso y sostenido crecimiento para afirmar en 2007 sus ambiciones de poder en la Municipalidad. Meier no deberá actuar sobre la base ilusoria de los 14 mil votos de esta alianza electoral efímera, sino a partir de sus 8 mil votos genuinos (o los 10 mil que reúne con el socialista Juan Moscoso), cosechados sin asistencialismo y con presupuestos de campaña ínfimos.
Por su parte, Moscoso estuvo lejos de las expectativas depositadas en su postulación a intendente. Y ahora le espera la ardua tarea de relanzar el Partido Socialista en la ciudad, al mismo tiempo que deberá diseñar una estrategia de trabajo en bloque con Meier y Natali. Si durante la campaña hablaron de un cogobierno municipal en caso de accedder cualquiera de los dos a la Intendencia, sería imperdonable que no ratifiquen tamaño compromiso en el Concejo.
En la UCR, no solamente se lamenta la floja actuación de Ernesto De Mattía en su pugna por la senaduría provincial, sino también la mala elección de Delfor Hernández, por lejos el candidato a intendente con mayor inversión publicitaria en nuestra ciudad. La agonía del dematiísmo que administró a la ciudad entre 1983 y 1995 apenas fue compensada por la reelección de Lisandro Enrico como concejal. Y también por el triunfo scottista, que resultó mucho más digerible que una victoria meierista para los radicales venadenses.
Con acierto, la UCR había conciliado una lista única de concejales para impedir la catástrofe tan temida, en un acuerdo que incluyó una lista común para las legislativas de 2005, que seguramente encabezará Hernández, postergando así una proyección más resuelta de Enrico, pues con otro edil de su sector entre 2005 y 2007, habría fortalecido sus confesas aspiraciones de intendente.
(Publicado el viernes 12 de septiembre de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Scott consiguió la re-reelección por muy ajustado margen ante la alianza opositora
Con la ayuda de los pequeños sublemas del PJ, el intendente Scott superaría por cinco puntos a la coalición de Pueblo, UCR y PS. Y coloca dos ediles. Meier, el nuevo jefe de la oposición, también incorpora un concejal. Enrico retiene la banca. Spinozzi es el nuevo senador provincial. Y Lagna ingresaría a la Cámara baja.
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En una apretada elección a intendente entre los lemas justicialista y socialista venadenses, Roberto Scott se adjudicó por tercera vez consecutiva el gobierno municipal, alcanzando el récord ostentado por su antecesor, Ernesto De Mattía, que administró la ciudad durante 12 años.
Como hace cuatro años, Scott prevaleció nítidamente en el lema peronista, aunque en esta ocasión necesitó de la ayuda de los restantes siete sublemas para imponerse a la coalición opositora (Pueblo, PS y UCR). De acuerdo a estos resultados aún frescos y provisorios, el concejal Roberto Meier emerge como el segundo “hombre fuerte” de la ciudad, por encima del relegado Ernesto De Mattía, y a la par del legitimado Tino Spinozzi.
En el Concejo Municipal, el intendente también sale fortalecido de este 7 de septiembre, pues coloca al subsecretario de Acción Social, José Luis Freyre, y al ex secretario de Gobierno, Gustavo Giner, en reemplazo del scottista Jorge Lagna y Alberto Turcato, que no siempre respondió a los intereses del oficialismo.
El Tío Meier, el otro gran triunfador de estos comicios, que hace dos años ingresó como concejal, continuará ahora como jefe de bloque en compañía de Claudio Natali, una de las nuevas figuras de Pueblo. En consecuencia, a partir de diciembre próximo, podría conformarse un bloque legislativo de centroizquierda con Meier, Natali y Juan Moscoso, que obtuvo el tercer puesto en la coalición opositora. Este escenario político es absolutamente novedoso para nuestra ciudad, que hace apenas dos años no tenía ni una sola banca ocupada por representantes de ese sector del arco ideológico.
Por su parte, el radicalismo consiguió retener una de las dos bancas que resignaba (las de Enrico y Stiepovich) en manos del propio Lisandro Enrico, como fruto de un inteligente acuerdo entre las tres corriente internas en respaldo de una lista conciliada de candidatos a concejal que salvó a la UCR de una segura debacle. El corte de votos también marcó un explícito apoyo a la gestión parlamentaria que Enrico completará en diciembre próximo.
Sin el verborrágico Jorge Lagna ni el experimentadísimo Esteban Stiepovich, es posible que el próximo Concejo no luzca tan fragmentado como hasta el presente, con siete bloques diferentes. José Freyre, Miguel Pedrola, Gustavo Giner y Noemí Rasello, serán el cuarteto scottista químicamente puro, en tanto que el trío de los nombrados Meier, Natali y Moscoso, se establecerá como el principal bloque opositor. El dematiísta Delfor Hernández -lejano escolta de Meier en el lema socialista- integrará junto a Enrico el tándem de la UCR, que a pesar de su condición minoritaria, mantendrá una posición estratégica para decidir en grandes temas de la ciudad.
Junto con su propia re-reelección, el intendente Scott también puede jactarse de la proyección regional del grupo político que lidera, de la mano del secretario general de la Gobernación, Ricardo Spinozzi, que fue electo senador provincial (superando a rivales de la talla de José Chipoloni y Ernesto De Mattía) y Jorge Lagna, que se habría adjudicado una banca en la Cámara de Diputados de Santa Fe. De esta manera, la ciudad de Venado Tuerto ostentará la senaduría tantas veces postergada, y el scottismo, aunque ya no exhibe la misma holgura sobre sus adversarios locales, cumple con su viejo anhelo de proyectarse políticamente en el siempre esquivo departamento General López. Ahora, desde esa fortaleza, las usinas scottistas tendrán que urdir las estrategias necesarias para acercarse al gobierno provincial de Jorge Obeid y al gobierno nacional de Néstor Kirchner, cuyos operadores actualmente no incluyen a Scott entre sus referentes territoriales.
La muy buena respuesta cosechada en sus excursiones barriales y una probada condición de liderazgo en el centro de la ciudad, ilusionó a Meier con alcanzar la línea del intendente Scott, pero el aparato estatal -exprimido al máximo durante las últimas semanas- fue demasiado para la embrionaria estructura partidaria del Tío, que tiene que estar conforme con este resultado aún distante del techo de sus potencialidades.
El re-reelecto intendente Scott admitió anoche que la lucha de Meier por la democratización de las cooperativas de servicios públicos fue clave para su crecimiento electoral y, con el mismo acierto, le advirtió al nuevo jefe de la oposición -cargo vacante desde el fallecimiento de Domingo Savino- que para continuar ascendiendo en la consideración pública debe ofrecer algo más a la ciudadanía. El desafío para Meier es más grande que nunca en estos próximos dos años. No solamente deberá definir cómo desempeñará el rol de principal oposición, sino también cómo consolidará su espacio político y qué alianzas anudará rumbo al próximo turno, en 2007. En ese entonces, con Spinozzi y Lagna afirmados como legisladores provinciales, y con Freyre afianzado en el roce cotidiano de la concejalía, la sucesión de Scott tendrá nuevas y poderosas ofertas. En conclusión, el scottismo, que pudo perder algo, se quedó con todo; el meierismo, que pudo ganar muchísimo, se quedó con bastante; y la UCR, que pudo perderlo todo, se quedó con algo. En la elección venadense casi todos festejaron, salvo el dismiuido dematiísmo y el peronismo no scottista, que ya deben estar pensando qué nuevos caminos recorrer ante esta nueva derrota frente al intendente.
(Publicado el martes 9 de septiembre de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)
A ocho días del cierre de listas, hay más especulaciones que confirmaciones en el panorama político venadense
A una semana del cierre de los plazos para la presentación de candidaturas, una clima de incertidumbre sobrevuela en la mayoría de las agrupaciones políticas santafesinas. Estas indefiniciones no solamente son el esperable producto de una ley de lemas que obliga a los partidos políticos a dirimir sus internas en las elecciones generales, sino que en Santa Fe el sistema electoral se distorsionó aún más con las reformas introducidas por el oficialismo para impedir que los partidos de la oposición concurran a los comicios como distintos sublemas unificados en un superlema. Recién a principio de la próxima semana se conocerá la resolución del Tribunal Electoral de Santa Fe sobre el particular, aunque el dictamen del reutemista procurador general Jorge Bof prenuncia que el fallo será adverso para las estrategias de la oposición que el socialista Hermes Binner lidera, hasta ahora, en la torpedeada Confederación Encuentro Progresista.
Mientras tanto, en nuestra ciudad, el intendente Roberto Scott admitió esta semana la candidatura a la re-reelección que El Informe había adelantado hace más de seis meses. Los coqueteos del primer mandatario venadense con el kirchnerismo fueron sepultados apenas el reutemismo le ofreció candidatear a Ricardo Spinozzi (actual secretario general de la Gobernación) para la preciada senaduría provincial por General López. A pesar de presentarse como uno de los principales ideólogos de la promocionada Liga de Intendentes, mientras sus pares terminaron arreglando con Jorge Obeid, Scott dio un triple salto mortal y aceptó el convite de Reutemann para integrar sus listas.
En los corrillos scottistas todavía tienen esperanzas de que el Tino sea premiado con algún cargo expectante en la lista de candidatos a diputados nacionales. También especulan con un ministerio para el venadense, si el reutemista Alberto Hammerly fuera electo gobernador. Tanta es la confianza en que se concrete alguna de estas posibilidades que reina un desmesurado interés en las huestes scottistas por quedarse con la candidatura a la senaduría provincial suplente.
En tanto, el presidente del Concejo, Jorge Lagna, que en diciembre completa su mandato legislativo, estaba lanzado a recorrer las localidades de la región con la senaduría entre ceja y ceja, pero la candidatura de Spinozzi -con la bendición del Lole- lo marginó tempranamente de la carrera. Ahora, a los codazos, trata de adueñarse de una candidatura a diputado provincial. Y, en el último de los casos, colgarse del Tino para recalar en alguna influyente repartición del gobierno provincial.
La posible candidatura a concejal del subsecretario de Acción Social, José Luis Freyre, se presenta en los análisis previos como un contundente acierto del intendente Scott, que podría ofrecer al electorado un dirigente progresista y dialoguista para compensar su propio perfil vehemente y autoritario. Los restantes candidatos surgirán de una larga lista de postulantes que, entre otros, incluye a Gustavo Giner y María del Carmen Cibelli.
Por su parte, Gerardo “Poli” Barberis se constituyó en el segundo candidato a intendente proclamado en el PJ, con el padrinazgo político de Adolfo Rodríguez Saá, el alineamiento provincial con Jorge Obeid, y la mística barrial de Domingo Savino. El abogado y conductor televisivo anunció que todos sus candidatos a concejal serán dirigentes vecinalistas. Raúl Britos, del barrio Villa Casey y origen savinista, asoma como uno de los más firmes postulantes.
Otro que deshoja la margarita es Alberto Turcato que, como Lagna, concluye su período en diciembre, y todavía no cerró ningún alineamiento provincial. La agrupación Causa, que el abogado lidera en la ciudad, tampoco consiguió un candidato a intendente a la medida de sus expectativas. Y ahora es inminente el lanzamiento de Turcato como candidato a intendente. Además de los adolfistas Barberis y Turcato, los operadores menos discretos del scottismo advierten que el deseo del Mago es incorporar más sublemas justicialistas para el 7 de septiembre. “El hombre se tiene confianza, y por eso se presenta. Pero esta vez sabe que la mano será más difícil”, afirmó uno de sus escuderos. “Seguro que otra vez aparecerá un sublema de vecinalistas”, auguró la misma fuente.
De Mattía, el protagonista
La Unión Cívica Radical venadense, que gobernó la ciudad entre 1983 y 1995, se debate en uno de sus peores momentos. Por si no fuera poco con el personalismo de Ernesto De Mattía, que marginó del partido a los más lúcidos dirigentes, en los últimos meses los radicales sufrieron la escandalosa e impune interna partidaria y, casi como un golpe de gracia, el castigo del electorado en los comicios nacionales de abril. Esta noche, en el marco de un plenario, el dematiísmo determinará sus candidatos a intendente y a concejal. En rigor, este encuentro es apenas un escenario montado para que el líder del sector informe a la militancia si se decidió a presentarse nuevamente como candidato después de la dolorosa derrota del ’99 ante Roberto Scott. Si De Mattía, como la mayoría supone, no es de la partida, los candidatos son el ex diputado provincial Marcelo Meardi y el concejal Delfor Hernández. Demasiado bajos los dos en los sondeos preliminares, algunos fogonean a Lisandro Enrico como candidato a intendente de todos los radicales. Sin un candidato a intendente que traccione eficazmente en favor de su reelección legislativa, Enrico estaría igualmente decidido a conservar su espacio político mediante la candidatura a la Intendencia. “Y si Lisandro es el candidato de todos los radicales, mucho mejor. Sabemos que, si no va De Mattía, la mayoría de esos votos quedan en la UCR”, estimó un enriquista de la primera hora.
Progresistas expectantes
En la centroizquierda del arco político venadense también hay gran expectativa por la decisión final de Ernesto De Mattía. En este sentido, el concejal pueblense Roberto Meier fue categórico: “Si De Mattía ocupa alguna candidatura en las listas del Encuentro Progresista, nosotros iremos por fuera, con nuestro intendente y nuestros concejales”. Esta intransigencia desbarató la ingeniería del socialismo provincial, que especulaba con traccionar votos para el binnerismo con las presencia de Meier y De Mattía en su boleta electoral. “O él o yo”, definió Meier. En consecuencia, si el líder radical decide presentarse, los socialistas tendrán que pronunciarse por uno de los dos. “Está bien que quieran pelear el gobierno provincial, pero no a cualquier precio. De Mattía es la vieja política y nos pondría un techo electoral. La candidatura de De Mattía es funcional a los intereses del scottismo y los grupos de poder de la ciudad”, disparó, casi sin respirar, uno de los fundadores de Pueblo. A pesar de las marchas y contramarchas, la militancia meierista confía en un final feliz, con el Tío y Juan Moscoso encabezando sendos sublemas como candidatos a intendente de la boleta oficial de Hermes Binner.
Las otras fuerzas
Acción Vecinal es una de las agrupaciones municipales que surgió con más fuerza en los últimos meses y adquirió notoriedad por fuertes pronunciamientos públicos, especialmente en favor de la democratización de la Cooperativa Eléctrica, en coincidencia con la dirigencia de Pueblo. Si bien los candidatos de este sector se definirán mañana por la tarde en el marco de una asamblea, hay fuertes versiones que sindican al ingeniero agrónomo Federico Gallo como el candidato a intendente, en tanto que Enrique Linares y Mario Temporini se anotarían entre los candidatos a concejal de la Acción Vecinal.
Por su parte, Afirmación por una República de Iguales (ARI) definirá esta noche en un plenario sus principales candidaturas locales, entre las cuales se destaca la posible postulación de Elizabet Seret a la Intendencia.
El Movimiento Federal Recrear, que tiene entre sus referentes locales al ex concejal demoprogresista Carlos Gómez Tomei, no presentaría candidatos en nuestra ciudad, ni a la Intendencia ni al Concejo. Pese a los prometedores resultados obtenidos en Venado Tuerto por Ricardo López Murphy el 27 de abril, el escribano Gómez Tomei considera que Recrear aún no consolidó los equipos de trabajo para aspirar a cargos ejecutivos o legislativos locales. Sin embargo, el dirigente está entusiasmado con la alternativa de una candidatura a legislador nacional o provincial.
(Publicado el viernes 17 de julio de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Mientras tanto, en nuestra ciudad, el intendente Roberto Scott admitió esta semana la candidatura a la re-reelección que El Informe había adelantado hace más de seis meses. Los coqueteos del primer mandatario venadense con el kirchnerismo fueron sepultados apenas el reutemismo le ofreció candidatear a Ricardo Spinozzi (actual secretario general de la Gobernación) para la preciada senaduría provincial por General López. A pesar de presentarse como uno de los principales ideólogos de la promocionada Liga de Intendentes, mientras sus pares terminaron arreglando con Jorge Obeid, Scott dio un triple salto mortal y aceptó el convite de Reutemann para integrar sus listas.
En los corrillos scottistas todavía tienen esperanzas de que el Tino sea premiado con algún cargo expectante en la lista de candidatos a diputados nacionales. También especulan con un ministerio para el venadense, si el reutemista Alberto Hammerly fuera electo gobernador. Tanta es la confianza en que se concrete alguna de estas posibilidades que reina un desmesurado interés en las huestes scottistas por quedarse con la candidatura a la senaduría provincial suplente.
En tanto, el presidente del Concejo, Jorge Lagna, que en diciembre completa su mandato legislativo, estaba lanzado a recorrer las localidades de la región con la senaduría entre ceja y ceja, pero la candidatura de Spinozzi -con la bendición del Lole- lo marginó tempranamente de la carrera. Ahora, a los codazos, trata de adueñarse de una candidatura a diputado provincial. Y, en el último de los casos, colgarse del Tino para recalar en alguna influyente repartición del gobierno provincial.
La posible candidatura a concejal del subsecretario de Acción Social, José Luis Freyre, se presenta en los análisis previos como un contundente acierto del intendente Scott, que podría ofrecer al electorado un dirigente progresista y dialoguista para compensar su propio perfil vehemente y autoritario. Los restantes candidatos surgirán de una larga lista de postulantes que, entre otros, incluye a Gustavo Giner y María del Carmen Cibelli.
Por su parte, Gerardo “Poli” Barberis se constituyó en el segundo candidato a intendente proclamado en el PJ, con el padrinazgo político de Adolfo Rodríguez Saá, el alineamiento provincial con Jorge Obeid, y la mística barrial de Domingo Savino. El abogado y conductor televisivo anunció que todos sus candidatos a concejal serán dirigentes vecinalistas. Raúl Britos, del barrio Villa Casey y origen savinista, asoma como uno de los más firmes postulantes.
Otro que deshoja la margarita es Alberto Turcato que, como Lagna, concluye su período en diciembre, y todavía no cerró ningún alineamiento provincial. La agrupación Causa, que el abogado lidera en la ciudad, tampoco consiguió un candidato a intendente a la medida de sus expectativas. Y ahora es inminente el lanzamiento de Turcato como candidato a intendente. Además de los adolfistas Barberis y Turcato, los operadores menos discretos del scottismo advierten que el deseo del Mago es incorporar más sublemas justicialistas para el 7 de septiembre. “El hombre se tiene confianza, y por eso se presenta. Pero esta vez sabe que la mano será más difícil”, afirmó uno de sus escuderos. “Seguro que otra vez aparecerá un sublema de vecinalistas”, auguró la misma fuente.
De Mattía, el protagonista
La Unión Cívica Radical venadense, que gobernó la ciudad entre 1983 y 1995, se debate en uno de sus peores momentos. Por si no fuera poco con el personalismo de Ernesto De Mattía, que marginó del partido a los más lúcidos dirigentes, en los últimos meses los radicales sufrieron la escandalosa e impune interna partidaria y, casi como un golpe de gracia, el castigo del electorado en los comicios nacionales de abril. Esta noche, en el marco de un plenario, el dematiísmo determinará sus candidatos a intendente y a concejal. En rigor, este encuentro es apenas un escenario montado para que el líder del sector informe a la militancia si se decidió a presentarse nuevamente como candidato después de la dolorosa derrota del ’99 ante Roberto Scott. Si De Mattía, como la mayoría supone, no es de la partida, los candidatos son el ex diputado provincial Marcelo Meardi y el concejal Delfor Hernández. Demasiado bajos los dos en los sondeos preliminares, algunos fogonean a Lisandro Enrico como candidato a intendente de todos los radicales. Sin un candidato a intendente que traccione eficazmente en favor de su reelección legislativa, Enrico estaría igualmente decidido a conservar su espacio político mediante la candidatura a la Intendencia. “Y si Lisandro es el candidato de todos los radicales, mucho mejor. Sabemos que, si no va De Mattía, la mayoría de esos votos quedan en la UCR”, estimó un enriquista de la primera hora.
Progresistas expectantes
En la centroizquierda del arco político venadense también hay gran expectativa por la decisión final de Ernesto De Mattía. En este sentido, el concejal pueblense Roberto Meier fue categórico: “Si De Mattía ocupa alguna candidatura en las listas del Encuentro Progresista, nosotros iremos por fuera, con nuestro intendente y nuestros concejales”. Esta intransigencia desbarató la ingeniería del socialismo provincial, que especulaba con traccionar votos para el binnerismo con las presencia de Meier y De Mattía en su boleta electoral. “O él o yo”, definió Meier. En consecuencia, si el líder radical decide presentarse, los socialistas tendrán que pronunciarse por uno de los dos. “Está bien que quieran pelear el gobierno provincial, pero no a cualquier precio. De Mattía es la vieja política y nos pondría un techo electoral. La candidatura de De Mattía es funcional a los intereses del scottismo y los grupos de poder de la ciudad”, disparó, casi sin respirar, uno de los fundadores de Pueblo. A pesar de las marchas y contramarchas, la militancia meierista confía en un final feliz, con el Tío y Juan Moscoso encabezando sendos sublemas como candidatos a intendente de la boleta oficial de Hermes Binner.
Las otras fuerzas
Acción Vecinal es una de las agrupaciones municipales que surgió con más fuerza en los últimos meses y adquirió notoriedad por fuertes pronunciamientos públicos, especialmente en favor de la democratización de la Cooperativa Eléctrica, en coincidencia con la dirigencia de Pueblo. Si bien los candidatos de este sector se definirán mañana por la tarde en el marco de una asamblea, hay fuertes versiones que sindican al ingeniero agrónomo Federico Gallo como el candidato a intendente, en tanto que Enrique Linares y Mario Temporini se anotarían entre los candidatos a concejal de la Acción Vecinal.
Por su parte, Afirmación por una República de Iguales (ARI) definirá esta noche en un plenario sus principales candidaturas locales, entre las cuales se destaca la posible postulación de Elizabet Seret a la Intendencia.
El Movimiento Federal Recrear, que tiene entre sus referentes locales al ex concejal demoprogresista Carlos Gómez Tomei, no presentaría candidatos en nuestra ciudad, ni a la Intendencia ni al Concejo. Pese a los prometedores resultados obtenidos en Venado Tuerto por Ricardo López Murphy el 27 de abril, el escribano Gómez Tomei considera que Recrear aún no consolidó los equipos de trabajo para aspirar a cargos ejecutivos o legislativos locales. Sin embargo, el dirigente está entusiasmado con la alternativa de una candidatura a legislador nacional o provincial.
(Publicado el viernes 17 de julio de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Entrevista a Julio Eggimann
“Kirchner y Scioli saben cómo hacer un país en serio”
El referente duhaldista de General López reivindicó las virtudes de la propuesta que encabeza el gobernador santacruceño y recordó que las gestiones de Roberto Lavagna y Daniel Scioli en el gobierno de transición son la más clara expresión del modelo productivista que se instrumentará en los próximos cuatro años.
.................................................................................
En su defensa de las condiciones de la fórmula integrada por Néstor Kirchner y Daniel Scioli, el dirigente justicialista Julio Eggimann destacó que “en la Argentina de los ‘90 todo era importado. Alimentos, ropa, autos, calzado, puertas y ventanas, muebles, maquinarias. ¿Cuánto más podía aguantar un país que solo consumía y no producía? Los años de neoliberalismo sin control, sin protección del trabajo argentino y de apertura indiscriminada, provocaron la quiebra de la industria nacional y su secuela inevitable: la desocupación. Y la miseria para millones de argentinos”.
“En cambio -agregó- un modelo de producción y trabajo exige articular inteligentemente y con sentido nacional, lo público y lo privado. Estado y mercado no deben confrontar, sino asociarse en la construcción de un país distinto, con un perfil productivo donde aprovechemos nuestras ventajas competitivas, como lo proponen nuestros candidatos”.
Con referencia a la obra pública, apreció que “es un formidable motor para revertir la pérdida de puestos de trabajo producto de años de recesión, desinversión y destrucción del empleo nacional”.
“En un país en serio, el Estado -cuidando el equilibrio fiscal- debe emprender obra pública para garantizar una infraestructura básica social y de reconversión económica (viviendas, caminos, red de agua potable, escuelas, hospitales). Así se reactiva la construcción, madre de todas las industrias, donde la creación de cada puesto de trabajo demanda una inversión relativamente menor a la que demandan otras actividades”.
En cuanto a la crisis de seguridad, remarcó Eggimann que no sólo es un problema social -miseria, marginalidad, desocupación- ni tampoco únicamente policial -legislación blanda, justicia lenta o corrupción de las fuerzas de seguridad-, y afirmó además que la polémica entre “garantistas” vs. “mano dura” no solo es estéril sino que también es incompleta. “Somos desde hace mucho tiempo una sociedad que carece de un sistema de premios y castigos. En la Argentina casi nadie quiere cumplir la ley y todos quieren escapar a las penas. Más de la mitad de los contribuyentes obligados a pagar impuestos no lo hacen. La sociedad percibe que solo va preso 'el ladrón de gallinas'. La ley penal debe alcanzar a todos los que delinquen", subrayó.
Por último, en materia impositiva, Eggimann dijo que Kirchner se dispone a cambiar la regresividad del actual sistema impositivo por uno de mayor progresividad, que no castigue el consumo y que apunte a la renta ociosa. "Esta es una deuda pendiente de las instituciones políticas argentinas con el valor equidad. La equidad impositiva no es sólo un valor social sino esencialmente moral, y como tal contribuye a la paz social. La sociedad debe percibir claramente que el esfuerzo que se demanda a cada uno de los ciudadanos es justo", redondeó el ex diputado provincial.
(Publicada el viernes 24 de abril de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)
El referente duhaldista de General López reivindicó las virtudes de la propuesta que encabeza el gobernador santacruceño y recordó que las gestiones de Roberto Lavagna y Daniel Scioli en el gobierno de transición son la más clara expresión del modelo productivista que se instrumentará en los próximos cuatro años.
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En su defensa de las condiciones de la fórmula integrada por Néstor Kirchner y Daniel Scioli, el dirigente justicialista Julio Eggimann destacó que “en la Argentina de los ‘90 todo era importado. Alimentos, ropa, autos, calzado, puertas y ventanas, muebles, maquinarias. ¿Cuánto más podía aguantar un país que solo consumía y no producía? Los años de neoliberalismo sin control, sin protección del trabajo argentino y de apertura indiscriminada, provocaron la quiebra de la industria nacional y su secuela inevitable: la desocupación. Y la miseria para millones de argentinos”.
“En cambio -agregó- un modelo de producción y trabajo exige articular inteligentemente y con sentido nacional, lo público y lo privado. Estado y mercado no deben confrontar, sino asociarse en la construcción de un país distinto, con un perfil productivo donde aprovechemos nuestras ventajas competitivas, como lo proponen nuestros candidatos”.
Con referencia a la obra pública, apreció que “es un formidable motor para revertir la pérdida de puestos de trabajo producto de años de recesión, desinversión y destrucción del empleo nacional”.
“En un país en serio, el Estado -cuidando el equilibrio fiscal- debe emprender obra pública para garantizar una infraestructura básica social y de reconversión económica (viviendas, caminos, red de agua potable, escuelas, hospitales). Así se reactiva la construcción, madre de todas las industrias, donde la creación de cada puesto de trabajo demanda una inversión relativamente menor a la que demandan otras actividades”.
En cuanto a la crisis de seguridad, remarcó Eggimann que no sólo es un problema social -miseria, marginalidad, desocupación- ni tampoco únicamente policial -legislación blanda, justicia lenta o corrupción de las fuerzas de seguridad-, y afirmó además que la polémica entre “garantistas” vs. “mano dura” no solo es estéril sino que también es incompleta. “Somos desde hace mucho tiempo una sociedad que carece de un sistema de premios y castigos. En la Argentina casi nadie quiere cumplir la ley y todos quieren escapar a las penas. Más de la mitad de los contribuyentes obligados a pagar impuestos no lo hacen. La sociedad percibe que solo va preso 'el ladrón de gallinas'. La ley penal debe alcanzar a todos los que delinquen", subrayó.
Por último, en materia impositiva, Eggimann dijo que Kirchner se dispone a cambiar la regresividad del actual sistema impositivo por uno de mayor progresividad, que no castigue el consumo y que apunte a la renta ociosa. "Esta es una deuda pendiente de las instituciones políticas argentinas con el valor equidad. La equidad impositiva no es sólo un valor social sino esencialmente moral, y como tal contribuye a la paz social. La sociedad debe percibir claramente que el esfuerzo que se demanda a cada uno de los ciudadanos es justo", redondeó el ex diputado provincial.
(Publicada el viernes 24 de abril de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)
¿Elecciones... de qué... cuándo?
A un mes y medio exactamente de las elecciones presidenciales, en nuestra ciudad la indiferencia golpea con igual o mayor intensidad que en las restantes poblaciones argentinas. No se percibe en estas semanas previas a los comicios del 27 de abril (valga la perogruyada) la excitación popular de 1973, cuando luego de 18 años de exilio las mayorías preparaban el regreso al poder del general Juan Perón. Ni tampoco se adivina el fervor democrático de 1983, cuando las urnas se desempolvaban por fin después de la larga noche dictatorial. En este naciente 2003, donde ni la primavera agrícola disimula la depresión de la masa asalariada, después de décadas de frustraciones, los argentinos ya no creen en las propuestas políticas, cualquiera sea su origen. O no se sienten seducidos por los programas electorales o, lo que es peor, ni siquiera los tienen en cuenta, seguros de que pronto serán olvidados, como siempre, y reemplazados por las recetas de los dueños del poder, esos mismos que en los últimos 20 años mandan en la Argentina, sin necesidad de botas ni de votos.
El fenómeno de vaciamiento ideológico de la política, que hoy se refleja en el desinterés de los ciudadanos por los asuntos públicos, comenzó a imponerse a sangre y fuego el 24 de marzo de 1976, continuó con la comodidad de depositar excesivas responsabilidades en manos de una clase dirigente estructuralmente corrupta, y luego con las esperanzas en consignas milagreras y el carisma salvador de ciertos candidatos prestos a la promesa de salidas fáciles. Hoy, no se cree en las ideas, y tampoco en los supuestos Mesías. Sin embargo, este inquietante dato de la realidad, el de la desconfianza en la dirigencia política (y en las otras también), podría transformarse en una luz esperanzadora, si los argentinos asumen que no hay hombres providenciales ni recetas mágicas, que, por el contrario, es el momento oportuno para comenzar de nuevo, desde los cimientos, y preguntarnos qué hacemos por modificar nuestro entorno, cuántos compromisos sociales asumimos, cuánto individualismo nos infecciona y cuánto más esperaremos a que otros hagan lo que nosotros dejamos de hacer.
Mientras tanto, una fuerte dispersión de ofertas electorales confirma la tantas veces augurada fragmentación de los dos partidos mayoritarios, con Menem, Rodríguez Saá y Kirchner, por el lado peronista, y Moreau, Carrió y López Murphy, con origen radical. Desunidas tanto la centroderecha como la centroizquierda, tal vez la primera vuelta reacomode las cosas, y en el segundo turno se encuentren, al estilo de las democracias europeas, dos candidatos de espectros ideológicos opuestos, que libren una batalla de contenidos y reduzcan los votos en blanco o nulos a su mínima expresión, para arrancar el mandato sin el fantasma de la “ingobernabilidad” que, de todos modos, muy posiblemente asuele al presidente de la transición que asumirá el 25 de mayo.
Aunque candidatos como Carlos Menem, brutalmente sinceros, prometen continuar con la devastación política, económica, cultural y social que arrastró al país a un caos que ni la Alianza ni el ramillete de presidentes que la sucedieron pudieron detener, hay otros dirigentes más modernizados que, al menos en sus discursos, advierten la inviabilidad de un desarrollo nacional autónomo y sustentable sin determinados controles sobre los focos estratégicos (fuentes de energía y servicios públicos), entre otras propuestas progresistas que el aluvión neoliberal de los años 90 había desterrado de la política argentina y resucitaron inesperadamente en esta campaña electoral.
En Venado Tuerto, muy esporádicamente las mesas de café o los recreos laborales incorporan a sus agendas la defensa de uno u otro candidato presidencial, y mucho menos se debaten las propuestas. Tanto es así que ni siquiera los referentes políticos locales se interesan en hacer públicos sus alineamientos. Solamente unos pocos dirigentes se arriesgan a erigirse enfáticamente en representantes de los candidatos que el mes entrante se expondrán ante el electorado argentino después de un año largo de administraciones provisionales e improvisadas. Hay otros políticos venadenses -la mayoría- que revelan tímidamente sus preferencias solo cuando el periodismo los requiere. Y también sobresale la actitud de la dirigencia scottista, que sigue especulando, agazapada, sin tomar posición, a la espera de las instrucciones de Carlos Reutemann, devenido amo todopoderoso del peronismo santafesino. Tal vez hayan salteado el párrafo de El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, que advierte: “... el vencedor no quiere amigos sospechosos que no le ayuden en las adversidades, y el que pierde no te ampara si con las armas en la mano no has compartido su fortuna.”
(Publicado el miércoles 12 de marzo de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)
El fenómeno de vaciamiento ideológico de la política, que hoy se refleja en el desinterés de los ciudadanos por los asuntos públicos, comenzó a imponerse a sangre y fuego el 24 de marzo de 1976, continuó con la comodidad de depositar excesivas responsabilidades en manos de una clase dirigente estructuralmente corrupta, y luego con las esperanzas en consignas milagreras y el carisma salvador de ciertos candidatos prestos a la promesa de salidas fáciles. Hoy, no se cree en las ideas, y tampoco en los supuestos Mesías. Sin embargo, este inquietante dato de la realidad, el de la desconfianza en la dirigencia política (y en las otras también), podría transformarse en una luz esperanzadora, si los argentinos asumen que no hay hombres providenciales ni recetas mágicas, que, por el contrario, es el momento oportuno para comenzar de nuevo, desde los cimientos, y preguntarnos qué hacemos por modificar nuestro entorno, cuántos compromisos sociales asumimos, cuánto individualismo nos infecciona y cuánto más esperaremos a que otros hagan lo que nosotros dejamos de hacer.
Mientras tanto, una fuerte dispersión de ofertas electorales confirma la tantas veces augurada fragmentación de los dos partidos mayoritarios, con Menem, Rodríguez Saá y Kirchner, por el lado peronista, y Moreau, Carrió y López Murphy, con origen radical. Desunidas tanto la centroderecha como la centroizquierda, tal vez la primera vuelta reacomode las cosas, y en el segundo turno se encuentren, al estilo de las democracias europeas, dos candidatos de espectros ideológicos opuestos, que libren una batalla de contenidos y reduzcan los votos en blanco o nulos a su mínima expresión, para arrancar el mandato sin el fantasma de la “ingobernabilidad” que, de todos modos, muy posiblemente asuele al presidente de la transición que asumirá el 25 de mayo.
Aunque candidatos como Carlos Menem, brutalmente sinceros, prometen continuar con la devastación política, económica, cultural y social que arrastró al país a un caos que ni la Alianza ni el ramillete de presidentes que la sucedieron pudieron detener, hay otros dirigentes más modernizados que, al menos en sus discursos, advierten la inviabilidad de un desarrollo nacional autónomo y sustentable sin determinados controles sobre los focos estratégicos (fuentes de energía y servicios públicos), entre otras propuestas progresistas que el aluvión neoliberal de los años 90 había desterrado de la política argentina y resucitaron inesperadamente en esta campaña electoral.
En Venado Tuerto, muy esporádicamente las mesas de café o los recreos laborales incorporan a sus agendas la defensa de uno u otro candidato presidencial, y mucho menos se debaten las propuestas. Tanto es así que ni siquiera los referentes políticos locales se interesan en hacer públicos sus alineamientos. Solamente unos pocos dirigentes se arriesgan a erigirse enfáticamente en representantes de los candidatos que el mes entrante se expondrán ante el electorado argentino después de un año largo de administraciones provisionales e improvisadas. Hay otros políticos venadenses -la mayoría- que revelan tímidamente sus preferencias solo cuando el periodismo los requiere. Y también sobresale la actitud de la dirigencia scottista, que sigue especulando, agazapada, sin tomar posición, a la espera de las instrucciones de Carlos Reutemann, devenido amo todopoderoso del peronismo santafesino. Tal vez hayan salteado el párrafo de El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, que advierte: “... el vencedor no quiere amigos sospechosos que no le ayuden en las adversidades, y el que pierde no te ampara si con las armas en la mano no has compartido su fortuna.”
(Publicado el miércoles 12 de marzo de 2003 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Crítica del libro "Argentinos" de Jorge Lanata

Ni yanquis ni marxistas ni japoneses... “Argentinos”
En dos recientes tardes de sábado, la revista Lote fue auspiciante del traslado desde la Capital Federal hasta Venado Tuerto de un movilizador foro de discusión bautizado “La política que viene”. La valiosa experiencia, pletórica de denuestos a la partidocracia tradicional e impulsora de las incipientes prácticas horizontalistas, promueve desde el debate teórico una drástica ruptura con “la Argentina que fue”, la misma que el marplatense Jorge Lanata se empeñó en reproducir -con el estilo filoso que se le reconoce- en las páginas de Argentinos, cuya primera parte se presenta en un tomo de 460 páginas, abarcando desde Pedro de Mendoza, el “primer importador de sífilis”, hasta el Centenario del Mayo de 1810, cuando el asombroso crecimiento económico de la Argentina de las carnes, los granos y las lanas, ya se concentraba cada vez en menos manos.
Presentado en abril pasado en la 28º Feria del Libro de Buenos Aires -a estas alturas transita por la séptima edición-, Argentinos es una creación que Lanata amasó pacientemente durante casi seis años de escritura noctámbula, con una rigurosidad que es propia del autor, facilitada además por la ausencia de presiones para publicar, tan usual en la literatura argentina contemporánea dedicada a temas políticos e históricos “de moda”, que por lo común sumerge a los periodistas en estresantes carreras contra el tiempo, urgidos por la histeria empresarial de inundar el mercado con “éxitos editoriales” de abundante marketing, lectura fácil y dudosa profundidad.
A diferencia de muchos de sus advenedizos colegas, el fundador de Página/12 no cae en la trampa de pretenderse historiador, aun cuando incursiona -no sin fundamentos documentales- en los tentadores meandros del revisionismo. Con las precauciones de quien se sabe fuera de su rodeo, Lanata analiza el segmento fundacional de este “excepcional” país desde la perspectiva de un obsesivo lector con veleidades de compilador. Y con la misma irreverencia que muestra en sus polémicas apariciones televisivas, el periodista desnuda en Argentinos un premeditado desapego por las hilaciones cronológicas, como así también un desprecio por la falsa objetividad de la que presumen ciertos historiadores tradicionales. Así como las omisiones hablan precisamente por su carácter de tales, el director de Veintitrés contribuye a repensar la historia con un selectivo encadenamiento de perlas, algunas perdidas casi en el olvido, como la súbita desaparición de negros y mulatos de nuestro territorio, que según el censo de 1778 ascendían al 30 por ciento de la población, como también se suceden el pocas veces citado recorte de la versión original del Himno nacional por presiones de la Corona española; “El Desencuentro de Guayaquil” entre San Martín y Bolívar; las cartas de la esposa que Moreno nunca leyó; y la desmitificación de La Gaceta de Buenos Aires y el Zonda sarmientino. Ni siquiera se priva Lanata de incluir análisis científicos sobre las conductas de las... hormigas argentinas, cuya semejanza con nuestras tendencias incorpora otra de las cuotas tragicómicas que decoran este minucioso repaso de la historia nacional. También es esclarecedor el breviario de amnistías y moratorias desde el Primer Triunvirato hasta nuestros días.
A propósito de La profanación, un libro de reciente aparición, fruto de un trabajo investigativo de largos años referido a la aún impune amputación de las expresivas manos del general Juan Domingo Perón, Lanata recuerda que en 1902, a 82 años de la muerte de Belgrano, durante la exhumación de sus restos para un traslado, dos ministros de la Nación se apoderaron de algunos dientes del prócer... como souvenir.
Contra su propia naturaleza periodística, el creador de Argentinos no se deja arrastrar por la -estimo- fuerte tentación de fijar posiciones en episodios decisivos -y mal contados en los manuales escolares- de los albores de la nacionalidad. Y se cuida de traspasar la delgada frontera que lo hubiera depositado -tal vez con el mismo éxito- en los más anchos senderos del análisis, el ensayo e incluso la mismísima historia novelada. En cambio, mediante una medulosa selección (una buena forma de opinar, convengamos) e interpretación de los historiadores (suele criticar a los clásicos argentinos por “insustanciales” y rescata textos de los extranjeros Witold Gombrowicz y José Ortega y Gasset), Lanata incorpora las dosis de subjetividad que hasta un inocuo periodista reflejaría en la más breve y vulgar de sus crónicas. Así pues, tan distante del panfleto como de la asepsia, el provocador estratega de Detrás de las noticias destaca, capítulo a capítulo, ciertos hechos sobresalientes que desnudan sus preferencias y aversiones por ciertos prohombres argentinos, al tiempo que detalla conductas, evoluciones, citas y anécdotas, que conectan nuestros quejumbrosos días con las proezas y miserias de los primeros argentinos, aún de carne y hueso, aún a salvo de la metamorfosis en el bronce impuesto más tarde por la “historia oficial” tan deformante para nuestras indefensas mentes escolares.
Son esos precisos rescates de Lanata los que nos permiten comprender, como declaró el propio autor, “que los argentinos siempre fuimos así, que no nos volvimos locos hace 20 días”, que la corrupción, la impunidad, el endeudamiento público, los desaparecidos, la evasión impositiva, las persecuciones, las traiciones, el nepotismo, los feudos provinciales, el racismo, son características que se instalaron desde el vamos y jamás conseguimos desterrar, aunque sí perfeccionarlas.
“No había humanos aquí, sino argentinos, una especie de elegidos a los que la realidad, sin embargo, se les negaba. Me enseñaron que éramos los mejores, pero crecí observando que siempre nos iba mal”, manifiesta el autor a modo de prólogo. Solía repetir Jorge Luis Borges -tan provocador como el autor de este libro- que los peronistas no eran ni buenos ni malos, sino “incorregibles”. En tanto, desde un “pesimismo esperanzado”, Jorge Lanata se remonta hasta el fondo de nuestra historia para “corregir” al maestro y advertir, con autoridad, que todos los argentinos somos los incorregibles, al menos hasta tanto comencemos a demostrar lo contrario en la historia que estamos transitando ahora mismo.
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“Acaso lo esencial de la vida argentina es eso, ser promesa (...) Todo aquí vive de lejanías y desde lejanías. Casi nadie está donde está, sino por delante de sí mismo, muy adelante en el horizonte de sí mismo y desde allí gobierna y ejecuta su vida de aquí, la real, presente y efectiva (...) cada cual vive desde sus ilusiones como si ellas fuesen ya la realidad (...) el alma criolla está llena de promesas heridas, sufre radicalmente de un divino descontento (...) el criollo no asiste a su vida afectiva, sino que se la ha pasado fuera de sí, instalado en la otra, en la vida prometida”.
“El argentino vive atento, no a lo que efectivamente constituye su vida, no a lo que de hecho es su persona, sino a una figura ideal que de sí mismo posee. (...) El argentino se gusta a sí mismo, le gusta la imagen que de sí mismo tiene”.
“El argentino típico no tiene más vocación que la de ser ya el que imagina ser. Vive, pues, entregado, pero no a una realidad, sino a una imagen”.
José Ortega y Gasset
(fragmentos extraídos de “Argentinos”)
(Publicada en julio de 2002 en la revista mensual de cultura Lote de Venado Tuerto)
En dos recientes tardes de sábado, la revista Lote fue auspiciante del traslado desde la Capital Federal hasta Venado Tuerto de un movilizador foro de discusión bautizado “La política que viene”. La valiosa experiencia, pletórica de denuestos a la partidocracia tradicional e impulsora de las incipientes prácticas horizontalistas, promueve desde el debate teórico una drástica ruptura con “la Argentina que fue”, la misma que el marplatense Jorge Lanata se empeñó en reproducir -con el estilo filoso que se le reconoce- en las páginas de Argentinos, cuya primera parte se presenta en un tomo de 460 páginas, abarcando desde Pedro de Mendoza, el “primer importador de sífilis”, hasta el Centenario del Mayo de 1810, cuando el asombroso crecimiento económico de la Argentina de las carnes, los granos y las lanas, ya se concentraba cada vez en menos manos.

Presentado en abril pasado en la 28º Feria del Libro de Buenos Aires -a estas alturas transita por la séptima edición-, Argentinos es una creación que Lanata amasó pacientemente durante casi seis años de escritura noctámbula, con una rigurosidad que es propia del autor, facilitada además por la ausencia de presiones para publicar, tan usual en la literatura argentina contemporánea dedicada a temas políticos e históricos “de moda”, que por lo común sumerge a los periodistas en estresantes carreras contra el tiempo, urgidos por la histeria empresarial de inundar el mercado con “éxitos editoriales” de abundante marketing, lectura fácil y dudosa profundidad.
A diferencia de muchos de sus advenedizos colegas, el fundador de Página/12 no cae en la trampa de pretenderse historiador, aun cuando incursiona -no sin fundamentos documentales- en los tentadores meandros del revisionismo. Con las precauciones de quien se sabe fuera de su rodeo, Lanata analiza el segmento fundacional de este “excepcional” país desde la perspectiva de un obsesivo lector con veleidades de compilador. Y con la misma irreverencia que muestra en sus polémicas apariciones televisivas, el periodista desnuda en Argentinos un premeditado desapego por las hilaciones cronológicas, como así también un desprecio por la falsa objetividad de la que presumen ciertos historiadores tradicionales. Así como las omisiones hablan precisamente por su carácter de tales, el director de Veintitrés contribuye a repensar la historia con un selectivo encadenamiento de perlas, algunas perdidas casi en el olvido, como la súbita desaparición de negros y mulatos de nuestro territorio, que según el censo de 1778 ascendían al 30 por ciento de la población, como también se suceden el pocas veces citado recorte de la versión original del Himno nacional por presiones de la Corona española; “El Desencuentro de Guayaquil” entre San Martín y Bolívar; las cartas de la esposa que Moreno nunca leyó; y la desmitificación de La Gaceta de Buenos Aires y el Zonda sarmientino. Ni siquiera se priva Lanata de incluir análisis científicos sobre las conductas de las... hormigas argentinas, cuya semejanza con nuestras tendencias incorpora otra de las cuotas tragicómicas que decoran este minucioso repaso de la historia nacional. También es esclarecedor el breviario de amnistías y moratorias desde el Primer Triunvirato hasta nuestros días.
A propósito de La profanación, un libro de reciente aparición, fruto de un trabajo investigativo de largos años referido a la aún impune amputación de las expresivas manos del general Juan Domingo Perón, Lanata recuerda que en 1902, a 82 años de la muerte de Belgrano, durante la exhumación de sus restos para un traslado, dos ministros de la Nación se apoderaron de algunos dientes del prócer... como souvenir.
Contra su propia naturaleza periodística, el creador de Argentinos no se deja arrastrar por la -estimo- fuerte tentación de fijar posiciones en episodios decisivos -y mal contados en los manuales escolares- de los albores de la nacionalidad. Y se cuida de traspasar la delgada frontera que lo hubiera depositado -tal vez con el mismo éxito- en los más anchos senderos del análisis, el ensayo e incluso la mismísima historia novelada. En cambio, mediante una medulosa selección (una buena forma de opinar, convengamos) e interpretación de los historiadores (suele criticar a los clásicos argentinos por “insustanciales” y rescata textos de los extranjeros Witold Gombrowicz y José Ortega y Gasset), Lanata incorpora las dosis de subjetividad que hasta un inocuo periodista reflejaría en la más breve y vulgar de sus crónicas. Así pues, tan distante del panfleto como de la asepsia, el provocador estratega de Detrás de las noticias destaca, capítulo a capítulo, ciertos hechos sobresalientes que desnudan sus preferencias y aversiones por ciertos prohombres argentinos, al tiempo que detalla conductas, evoluciones, citas y anécdotas, que conectan nuestros quejumbrosos días con las proezas y miserias de los primeros argentinos, aún de carne y hueso, aún a salvo de la metamorfosis en el bronce impuesto más tarde por la “historia oficial” tan deformante para nuestras indefensas mentes escolares.
Son esos precisos rescates de Lanata los que nos permiten comprender, como declaró el propio autor, “que los argentinos siempre fuimos así, que no nos volvimos locos hace 20 días”, que la corrupción, la impunidad, el endeudamiento público, los desaparecidos, la evasión impositiva, las persecuciones, las traiciones, el nepotismo, los feudos provinciales, el racismo, son características que se instalaron desde el vamos y jamás conseguimos desterrar, aunque sí perfeccionarlas.
“No había humanos aquí, sino argentinos, una especie de elegidos a los que la realidad, sin embargo, se les negaba. Me enseñaron que éramos los mejores, pero crecí observando que siempre nos iba mal”, manifiesta el autor a modo de prólogo. Solía repetir Jorge Luis Borges -tan provocador como el autor de este libro- que los peronistas no eran ni buenos ni malos, sino “incorregibles”. En tanto, desde un “pesimismo esperanzado”, Jorge Lanata se remonta hasta el fondo de nuestra historia para “corregir” al maestro y advertir, con autoridad, que todos los argentinos somos los incorregibles, al menos hasta tanto comencemos a demostrar lo contrario en la historia que estamos transitando ahora mismo.
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“Acaso lo esencial de la vida argentina es eso, ser promesa (...) Todo aquí vive de lejanías y desde lejanías. Casi nadie está donde está, sino por delante de sí mismo, muy adelante en el horizonte de sí mismo y desde allí gobierna y ejecuta su vida de aquí, la real, presente y efectiva (...) cada cual vive desde sus ilusiones como si ellas fuesen ya la realidad (...) el alma criolla está llena de promesas heridas, sufre radicalmente de un divino descontento (...) el criollo no asiste a su vida afectiva, sino que se la ha pasado fuera de sí, instalado en la otra, en la vida prometida”.“El argentino vive atento, no a lo que efectivamente constituye su vida, no a lo que de hecho es su persona, sino a una figura ideal que de sí mismo posee. (...) El argentino se gusta a sí mismo, le gusta la imagen que de sí mismo tiene”.
“El argentino típico no tiene más vocación que la de ser ya el que imagina ser. Vive, pues, entregado, pero no a una realidad, sino a una imagen”.
José Ortega y Gasset
(fragmentos extraídos de “Argentinos”)
(Publicada en julio de 2002 en la revista mensual de cultura Lote de Venado Tuerto)
Dime dónde te sientas y te diré cómo actúas
Desde el traslado en enero pasado, por razones de austeridad, a las dependencias municipales de Vía y Obras, los nueve concejales venadenses establecieron sus bancas en forma de arco, de frente al sitial de la Presidencia, como en todas las legislaturas, pero con una disposición espacial que refleja nítidamente la heterogeneidad del cuerpo, como así también constituye una acertada referencia de los orígenes, las orientaciones ideológicas y las estrategias aliancistas de cada uno de los ediles.
Si, como cuenta la leyenda, los rótulos de “derecha” e “izquierda”, tantas veces utilizados en las adjetivaciones políticas contemporáneas, se remontan a los antiguos posicionamientos en relación con el rey (a la derecha del trono los más complacientes y a la izquierda de Su Majestad los más críticos), también nuestro Concejo Municipal merece un análisis sobre la distribución de las bancas. Aun cuando en Venado Tuerto no haya reinados ni virreinatos, al presidente Jorge Lagna, ampuloso y suficiente, se le reconocen atributos políticos y temperamentales para coordinar con eficiencia las acciones del fragmentado conjunto legislativo. Además, demuestra idéntica facilidad para deslizarse tanto en el terreno de las más serias disputas parlamentarias como en las pedestres chicanas políticas, una vez que opta por abandonar sus sobrios ropajes de rey para mutar, a las antípodas, en el hilarante bufón que concentra como nadie la atención de sus pares.
A la izquierda de la poltrona presidencial emerge la figura del “decano”, Esteban Stiepovich, que hasta mantuvo un entredicho con Lisandro Enrico, cuando su bisoño correligionario pretendió usurpar una de las bancas de los extremos, que fue propiedad del Negro en todas las composiciones legislativas que integró. Para el intendente Roberto Scott, líder del oficialismo, José Esteban es uno de sus más acérrimos enemigos a lo largo de la última década. La pirotecnia verbal que intercambian mutuamente suele ser la más encendida. Además, el puntilloso “archivo ambulante” del Concejo conserva una prodigiosa memoria que suele despertar las más coléricas reacciones del jefe del gobierno municipal. Y según pasan los años, mientras más se conocen, como en los “buenos matrimonios”, se perfeccionan en el arte de herirse con frases certeras y meditadas que facilitan la tarea de los redactores de las primeras planas.
En el otro rincón, a la derecha de Lagna, se posiciona el odontólogo Víctor Barbieri, el más fiel representante de la ortodoxia scottista, siempre dispuesto a la obstinada defensa del intendente municipal, más allá de las consecuencias personales que pueda sufrir. A su lado se coloca Miguel Pedrola, un justicialista que, como Barbieri, debe su banca exclusivamente a la oportuna bendición de Scott. Sin embargo, su vinculación con el neo-scottismo, que tiene en el presidente Lagna a uno de sus inspiradores, lo distancia levemente del verticalismo oficialista. Siguiendo la recorrida hacia el centro, se ubica el peronista Alberto Turcato, que más de una vez hizo gala de su independencia del scottismo, y mantiene una buena sintonía con los “progresistas” del Concejo.
Ya en el centro del semicírculo se sientan los frepasistas Roberto Meier y Juan Moscoso, el primero de un “chachismo” en extinción, y el segundo del PSP, que prontamente se convertirá en el Partido Socialista, si es que prosperan las negociaciones para la fusión con el PSD y otras vertientes del viejo partido de los trabajadores y la clase media que no resistió la avasallante irrupción peronista hace más de medio siglo. Meier, criticado por propios y extraños por sus aceitadas relaciones con el oficialismo, demostró con el correr de los meses que, en realidad, había asumido una estrategia legislativa absolutamente liberada de ataduras partidarias, hasta el punto tal que está cada vez más cerca de mudarse al ARI de Lilita Carrió o, tal vez, una estructura vecinalista. En consecuencia, el Tío se alista cerca de los justicialistas, al tiempo que concilia numerosos proyectos con Moscoso y mantiene buen diálogo con los radicales. El pediatra socialista, por su parte, arribado al Concejo con el empujón de los votos radicales, toma una mayor distancia del PJ, y estrecha filas con el bloque de la UCR, como lo refleja la cercanía con Lisandro Enrico, con quien cultiva una alianza política tan fluida como con Meier. Con el primero tiene en común el tronco frepasista (aún integran la misma confederación de partidos) y la oficina legislativa de Vía y Obras, en tanto que con Enrico compartieron la campaña que permitió la reelección de Domingo Savino, al que reemplaza en la banca tras el lamentado accidente automovilístico que le costó la vida.
En su posición, Lisandro Enrico ocupa en el mosaico legislativo el rol de una bisagra entre los tres radicales y los dos referentes de la centroizquierda local, con los que mantiene una óptima relación. Perteneciente a la generación posdictadura, es el dirigente más entusiasta en la promoción de una reforma política profunda para reemplazar las estructuras que desde hace décadas no demuestran más que fracasos. Y más de una vez deslizó que su futuro podría estar ligado a corrientes superadoras del centenario partido que atraviesa su etapa más oscura a partir de la inducida renuncia de Fernando de la Rúa. Entre Enrico y Stiepovich se sitúa Delfor Hernández, otro radical, cuya lejanía de las trincheras scottistas podría obedecer a su vinculación con el intendente Ernesto De Mattía, con quien comparte el espacio político, entre otros proyectos.
(Publicado el viernes 7 de junio de 2002 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Si, como cuenta la leyenda, los rótulos de “derecha” e “izquierda”, tantas veces utilizados en las adjetivaciones políticas contemporáneas, se remontan a los antiguos posicionamientos en relación con el rey (a la derecha del trono los más complacientes y a la izquierda de Su Majestad los más críticos), también nuestro Concejo Municipal merece un análisis sobre la distribución de las bancas. Aun cuando en Venado Tuerto no haya reinados ni virreinatos, al presidente Jorge Lagna, ampuloso y suficiente, se le reconocen atributos políticos y temperamentales para coordinar con eficiencia las acciones del fragmentado conjunto legislativo. Además, demuestra idéntica facilidad para deslizarse tanto en el terreno de las más serias disputas parlamentarias como en las pedestres chicanas políticas, una vez que opta por abandonar sus sobrios ropajes de rey para mutar, a las antípodas, en el hilarante bufón que concentra como nadie la atención de sus pares.
A la izquierda de la poltrona presidencial emerge la figura del “decano”, Esteban Stiepovich, que hasta mantuvo un entredicho con Lisandro Enrico, cuando su bisoño correligionario pretendió usurpar una de las bancas de los extremos, que fue propiedad del Negro en todas las composiciones legislativas que integró. Para el intendente Roberto Scott, líder del oficialismo, José Esteban es uno de sus más acérrimos enemigos a lo largo de la última década. La pirotecnia verbal que intercambian mutuamente suele ser la más encendida. Además, el puntilloso “archivo ambulante” del Concejo conserva una prodigiosa memoria que suele despertar las más coléricas reacciones del jefe del gobierno municipal. Y según pasan los años, mientras más se conocen, como en los “buenos matrimonios”, se perfeccionan en el arte de herirse con frases certeras y meditadas que facilitan la tarea de los redactores de las primeras planas.
En el otro rincón, a la derecha de Lagna, se posiciona el odontólogo Víctor Barbieri, el más fiel representante de la ortodoxia scottista, siempre dispuesto a la obstinada defensa del intendente municipal, más allá de las consecuencias personales que pueda sufrir. A su lado se coloca Miguel Pedrola, un justicialista que, como Barbieri, debe su banca exclusivamente a la oportuna bendición de Scott. Sin embargo, su vinculación con el neo-scottismo, que tiene en el presidente Lagna a uno de sus inspiradores, lo distancia levemente del verticalismo oficialista. Siguiendo la recorrida hacia el centro, se ubica el peronista Alberto Turcato, que más de una vez hizo gala de su independencia del scottismo, y mantiene una buena sintonía con los “progresistas” del Concejo.
Ya en el centro del semicírculo se sientan los frepasistas Roberto Meier y Juan Moscoso, el primero de un “chachismo” en extinción, y el segundo del PSP, que prontamente se convertirá en el Partido Socialista, si es que prosperan las negociaciones para la fusión con el PSD y otras vertientes del viejo partido de los trabajadores y la clase media que no resistió la avasallante irrupción peronista hace más de medio siglo. Meier, criticado por propios y extraños por sus aceitadas relaciones con el oficialismo, demostró con el correr de los meses que, en realidad, había asumido una estrategia legislativa absolutamente liberada de ataduras partidarias, hasta el punto tal que está cada vez más cerca de mudarse al ARI de Lilita Carrió o, tal vez, una estructura vecinalista. En consecuencia, el Tío se alista cerca de los justicialistas, al tiempo que concilia numerosos proyectos con Moscoso y mantiene buen diálogo con los radicales. El pediatra socialista, por su parte, arribado al Concejo con el empujón de los votos radicales, toma una mayor distancia del PJ, y estrecha filas con el bloque de la UCR, como lo refleja la cercanía con Lisandro Enrico, con quien cultiva una alianza política tan fluida como con Meier. Con el primero tiene en común el tronco frepasista (aún integran la misma confederación de partidos) y la oficina legislativa de Vía y Obras, en tanto que con Enrico compartieron la campaña que permitió la reelección de Domingo Savino, al que reemplaza en la banca tras el lamentado accidente automovilístico que le costó la vida.
En su posición, Lisandro Enrico ocupa en el mosaico legislativo el rol de una bisagra entre los tres radicales y los dos referentes de la centroizquierda local, con los que mantiene una óptima relación. Perteneciente a la generación posdictadura, es el dirigente más entusiasta en la promoción de una reforma política profunda para reemplazar las estructuras que desde hace décadas no demuestran más que fracasos. Y más de una vez deslizó que su futuro podría estar ligado a corrientes superadoras del centenario partido que atraviesa su etapa más oscura a partir de la inducida renuncia de Fernando de la Rúa. Entre Enrico y Stiepovich se sitúa Delfor Hernández, otro radical, cuya lejanía de las trincheras scottistas podría obedecer a su vinculación con el intendente Ernesto De Mattía, con quien comparte el espacio político, entre otros proyectos.
(Publicado el viernes 7 de junio de 2002 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Conmovedor "cacerolazo" sacudió la calma venadense
La espontánea salida a las calles de unas 700 personas quebró la abulia tan criticada de los venadenses. La movilización incluyó una marcha por las arterias céntricas al ritmo del tintineo de las cacerolas. Los reclamos fueron coincidentes con los expresados en todo el país. También el intendente Scott fue blanco de la ira de los manifestantes. Anuncian un próximo “cacerolazo”. No se produjeron disturbios.
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Uno de cada 100 venadenses salió a la calle alrededor de las diez de la noche del último viernes. Tan lejos de una multitud como de la apatía que merecía la crítica del resto de las más comprometidas poblaciones del sur santafesino. Unas 700 personas en el área céntrica de la ciudad constituyeron la manifestación de protesta más trascendente de las últimas décadas. Tal vez haya sido la más numerosa de la historia de esta ciudad centenaria desde 1984.
Pequeñas delegaciones barriales se acercaron entre sí, poco a poco, según el ritmo de las ya míticas cacerolas y confluyeron más tarde en la esquina de la Catedral, en Belgrano y 25 de Mayo. También las estrofas del Himno nacional, el estruendo de algunas bombas y un coro de bocinazos, adhirieron entusiastas al histórico despliegue local, donde no faltaron banderas argentinas flameando y unos pocos improvisados carteles que denunciaban la espontaneidad de la movilización.
El televisado salto a las calles de los porteños en los distintos barrios de la ciudad de Buenos Aires contribuyó a envalentonar a los venadenses para expresarse en contra de la crisis, así, caóticamente, sin demasiada organización, sin previos acuerdos metodológicos ni tampoco coincidencias ideológicas de fondo.
A su paso, los venadenses recriminaron a la clase política en general y a los bancos por la confiscación de los ahorros; pidieron la renuncia de los ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación -en sintonía con el resto de las movilizaciones desarrolladas en todo el país-, y también pusieron la mira en el intendente Scott y los concejales, como “representantes” locales del cuestionado poder político nacional.
Los que lo miran por TV
Los partidos políticos tradicionales y los más poderosos sindicatos, otrora conductores indiscutibles de los movimientos de masas, tuvieron que limitarse a mirar por TV las imágenes de una movilización nacida de la impronta de las mismas bases que aquellos siempre tenían a flor de labios para decorar sus discursos. En cambio, el pueblo venadense, antes más predispuesto a transcurrir la vida a través de los episodios que emiten (y en algunos casos manipulan) los canales de Buenos Aires, optaron esta vez por adquirir un protagonismo que colocará al 25 de enero entre las fechas clave de la historia de la ciudad. Así fue como los “habitantes”, al menos durante una noche, se elevaron por fin a la categoría de “ciudadanos”. La marcha por las tradicionales calles Belgrano y San Martín fue absolutamente pacífica, apenas matizada por cánticos amenazantes y dedos acusadores contra los bancos, emblemáticos operadores del perverso poder financiero que en alianza con el poder político saqueó a la mayoría de los argentinos durante el último cuarto de siglo.
El tradicional estribillo: “Si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está”, símbolo de mil y una batallas populares, era entonado fervorosamente por los caminantes, en gran parte miembros de las filas de los alicaídos sectores medios de la ciudad, que este viernes salieron a la calle, aunque días atrás ya se habían manifestado mayoritariamente por distintos medios en respaldo a los trabajadores municipales en conflicto con la Intendencia.
Uno de los detalles sobresalientes de la noche fue la resuelta presencia en la calles de unos cuantos venadenses que en otro momento hubieran acudido a la Policía o bendecido el regreso de las Fuerzas Armadas para detener a “la turba vandálica”. Eran otros tiempos. Ahora también cayeron víctimas de la crisis. Una genial planificación política antipopular se había ocupado durante los últimos 25 años de poner las cosas en su lugar. Así pues, el poder económico acabó concentrado en pocas manos sobre una de las veredas, mientras que en la de enfrente se agolparon millones de atribulados argentinos, cada día más resignados -a fuerza del terror y la manipulación- al supuesto carácter irreversible de tan fatídico futuro. En el medio, la calle estaba vacía. Así permaneció por años. Hasta que concluyó el letargo. Y la calle volvió a convertirse en el escenario más apropiado para combatir el “pensamiento único” que se alzó con las ilusiones de un pueblo subyugado por los “espejitos de colores” de los nuevos tiempos.
Como decía uno de los manifestantes, “los venadenses ‘peatonalizamos’ la Belgrano por decisión propia, sin esperar la resolución de los políticos”. Se pronunciaron muchas frases inteligentes y contundentes este último viernes, pero pocas tan gráfica como la citada.
Visitas para el intendente
Antes de la desconcentración, un nutrido grupo de manifestantes escogió como punto final de la marcha el domicilio del intendente Roberto Scott, en Maipú al 600. El jefe del gobierno venadense, fiel al estilo frontal que luce ante los micrófonos, no vaciló en salir a la vereda a recibir los airados reproches de los vecinos. Acompañado de su esposa Amanda, Scott soportó a pie firme -y con fuerte custodia policial- las demandas por falta de trabajo y de comida, como así también algunos insultos y hasta enérgicas exigencias de renuncia por parte de varios de los presentes, que no dejaban de atronar con sus ollas al filo de la medianoche. Con el intendente respondiendo a los reclamos culminó pasada la una del sábado una noche inolvidable para los venadenses. Una noche cuya significación no debería confundirse, pues no se trató de una maniobra orquestada contra Scott ni contra los políticos locales. Se trató de la adhesión local a un clamor nacional por la abolición de la inhumanidad contaminada de corrupción con que se gobernó al país en los últimos años. Sin embargo, como no podía ser de otra manera, los políticos locales fueron repudiados en su conjunto, sin distinciones, como “exponentes” de una clase que la ciudadanía no tolera más, en tanto no modifique drásticamente el carácter de la representatividad asumida. En tal sentido, el intendente Scott y su grupo de colaboradores -también los legisladores- deberían interpretar cuidadosamente la nueva situación política y comprender, por fin, que no podrán gobernar los casi dos años que les restan de mandato si no ensanchan las espaldas de la administración. El viernes a la noche, el intendente con su presencia y los concejales con su ausencia, recibieron una categórica advertencia popular.
Mientras tanto, son numerosas las entidades intermedias que continúan reclamando por sus derechos mancillados -anuncian un nuevo cacerolazo- y, al mismo tiempo, intentan vertebrar alianzas con agrupaciones afines. ¿El presunto objetivo? Que, alguna vez, el salto popular a las calles, sin perder la frescura de la espontaneidad, persiga la puesta en marcha de un programa específico, un proyecto concreto, un núcleo conciliado de prioridades que, con independencia de los circunstanciales dirigentes, definan el camino a recorrer colectivamente por una población que, hasta ahora, sólo coincide en los sujetos del repudio. Quizá no es poco para la etapa de refundación que recién despunta.
(Publicado el lunes 28 de enero de 2002 en diario El Informe de Venado Tuerto)
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Uno de cada 100 venadenses salió a la calle alrededor de las diez de la noche del último viernes. Tan lejos de una multitud como de la apatía que merecía la crítica del resto de las más comprometidas poblaciones del sur santafesino. Unas 700 personas en el área céntrica de la ciudad constituyeron la manifestación de protesta más trascendente de las últimas décadas. Tal vez haya sido la más numerosa de la historia de esta ciudad centenaria desde 1984.
Pequeñas delegaciones barriales se acercaron entre sí, poco a poco, según el ritmo de las ya míticas cacerolas y confluyeron más tarde en la esquina de la Catedral, en Belgrano y 25 de Mayo. También las estrofas del Himno nacional, el estruendo de algunas bombas y un coro de bocinazos, adhirieron entusiastas al histórico despliegue local, donde no faltaron banderas argentinas flameando y unos pocos improvisados carteles que denunciaban la espontaneidad de la movilización.
El televisado salto a las calles de los porteños en los distintos barrios de la ciudad de Buenos Aires contribuyó a envalentonar a los venadenses para expresarse en contra de la crisis, así, caóticamente, sin demasiada organización, sin previos acuerdos metodológicos ni tampoco coincidencias ideológicas de fondo.
A su paso, los venadenses recriminaron a la clase política en general y a los bancos por la confiscación de los ahorros; pidieron la renuncia de los ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación -en sintonía con el resto de las movilizaciones desarrolladas en todo el país-, y también pusieron la mira en el intendente Scott y los concejales, como “representantes” locales del cuestionado poder político nacional.
Los que lo miran por TV
Los partidos políticos tradicionales y los más poderosos sindicatos, otrora conductores indiscutibles de los movimientos de masas, tuvieron que limitarse a mirar por TV las imágenes de una movilización nacida de la impronta de las mismas bases que aquellos siempre tenían a flor de labios para decorar sus discursos. En cambio, el pueblo venadense, antes más predispuesto a transcurrir la vida a través de los episodios que emiten (y en algunos casos manipulan) los canales de Buenos Aires, optaron esta vez por adquirir un protagonismo que colocará al 25 de enero entre las fechas clave de la historia de la ciudad. Así fue como los “habitantes”, al menos durante una noche, se elevaron por fin a la categoría de “ciudadanos”. La marcha por las tradicionales calles Belgrano y San Martín fue absolutamente pacífica, apenas matizada por cánticos amenazantes y dedos acusadores contra los bancos, emblemáticos operadores del perverso poder financiero que en alianza con el poder político saqueó a la mayoría de los argentinos durante el último cuarto de siglo.
El tradicional estribillo: “Si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está”, símbolo de mil y una batallas populares, era entonado fervorosamente por los caminantes, en gran parte miembros de las filas de los alicaídos sectores medios de la ciudad, que este viernes salieron a la calle, aunque días atrás ya se habían manifestado mayoritariamente por distintos medios en respaldo a los trabajadores municipales en conflicto con la Intendencia.
Uno de los detalles sobresalientes de la noche fue la resuelta presencia en la calles de unos cuantos venadenses que en otro momento hubieran acudido a la Policía o bendecido el regreso de las Fuerzas Armadas para detener a “la turba vandálica”. Eran otros tiempos. Ahora también cayeron víctimas de la crisis. Una genial planificación política antipopular se había ocupado durante los últimos 25 años de poner las cosas en su lugar. Así pues, el poder económico acabó concentrado en pocas manos sobre una de las veredas, mientras que en la de enfrente se agolparon millones de atribulados argentinos, cada día más resignados -a fuerza del terror y la manipulación- al supuesto carácter irreversible de tan fatídico futuro. En el medio, la calle estaba vacía. Así permaneció por años. Hasta que concluyó el letargo. Y la calle volvió a convertirse en el escenario más apropiado para combatir el “pensamiento único” que se alzó con las ilusiones de un pueblo subyugado por los “espejitos de colores” de los nuevos tiempos.
Como decía uno de los manifestantes, “los venadenses ‘peatonalizamos’ la Belgrano por decisión propia, sin esperar la resolución de los políticos”. Se pronunciaron muchas frases inteligentes y contundentes este último viernes, pero pocas tan gráfica como la citada.
Visitas para el intendente
Antes de la desconcentración, un nutrido grupo de manifestantes escogió como punto final de la marcha el domicilio del intendente Roberto Scott, en Maipú al 600. El jefe del gobierno venadense, fiel al estilo frontal que luce ante los micrófonos, no vaciló en salir a la vereda a recibir los airados reproches de los vecinos. Acompañado de su esposa Amanda, Scott soportó a pie firme -y con fuerte custodia policial- las demandas por falta de trabajo y de comida, como así también algunos insultos y hasta enérgicas exigencias de renuncia por parte de varios de los presentes, que no dejaban de atronar con sus ollas al filo de la medianoche. Con el intendente respondiendo a los reclamos culminó pasada la una del sábado una noche inolvidable para los venadenses. Una noche cuya significación no debería confundirse, pues no se trató de una maniobra orquestada contra Scott ni contra los políticos locales. Se trató de la adhesión local a un clamor nacional por la abolición de la inhumanidad contaminada de corrupción con que se gobernó al país en los últimos años. Sin embargo, como no podía ser de otra manera, los políticos locales fueron repudiados en su conjunto, sin distinciones, como “exponentes” de una clase que la ciudadanía no tolera más, en tanto no modifique drásticamente el carácter de la representatividad asumida. En tal sentido, el intendente Scott y su grupo de colaboradores -también los legisladores- deberían interpretar cuidadosamente la nueva situación política y comprender, por fin, que no podrán gobernar los casi dos años que les restan de mandato si no ensanchan las espaldas de la administración. El viernes a la noche, el intendente con su presencia y los concejales con su ausencia, recibieron una categórica advertencia popular.
Mientras tanto, son numerosas las entidades intermedias que continúan reclamando por sus derechos mancillados -anuncian un nuevo cacerolazo- y, al mismo tiempo, intentan vertebrar alianzas con agrupaciones afines. ¿El presunto objetivo? Que, alguna vez, el salto popular a las calles, sin perder la frescura de la espontaneidad, persiga la puesta en marcha de un programa específico, un proyecto concreto, un núcleo conciliado de prioridades que, con independencia de los circunstanciales dirigentes, definan el camino a recorrer colectivamente por una población que, hasta ahora, sólo coincide en los sujetos del repudio. Quizá no es poco para la etapa de refundación que recién despunta.
(Publicado el lunes 28 de enero de 2002 en diario El Informe de Venado Tuerto)
Del posmodernismo a la quiebra en sólo 20 años
Acaba de abrirse otra semana que promete ser muy caliente en Venado Tuerto, una ciudad que asiste impotente a la caída libre de pequeñas y medianas empresas, como así también al tembladeral de los grandes emprendimientos productivos, en la mayoría de los casos por la caída del poder de compra que se agravó desde finales del año pasado en el marco de la depresión económica más prolongada de la historia nacional. Por su parte, la mayor empresa pública venadense, el Municipio, con más de un millar de empleados directos y varios centenares de vinculados indirectamente, acentúa su virtual estado de quebranto con la creciente morosidad de la ciudadanía que distribuye como puede -al borde de la desesperación- sus ingresos cada día más recortados y dosificados. El conflicto con los trabajadores municipales se solucionó con la ayuda de letras remitidas por el gobierno santafesino, que podrían canjearse 1 a 1 en los comercios y utilizarse además para saldar tributos locales y provinciales. Sin embargo, la tensa semana de negociaciones entre los administradores y los sindicalistas sirvió además para que todos los venadenses se enteraran del estado de emergencia de las finanzas municipales que el funcionario oportunamente eyectado hasta el área de Producción, Lorenzo Pérez, dejó en manos de Luis Plantón, el amigo que Scott, a su vez, colocó entre los “irreemplazables” del desconcertado gabinete. Hoy, con las brasas entre las manos, el bioquímico de residencia temporaria en Venado Tuerto se debate con la crisis más caótica que la ciudad recuerde. Pocos episodios debe lamentar tanto un secretario de Hacienda como habilitar las cajas de recaudación exclusivamente para que cada peso ingresante se destine a pagar sueldos atrasados a los empleados municipales. Ninguna imagen, por otra parte, podría graficar más nítidamente la parálisis de una administración.
En este sentido, si bien la subsistencia de muchas empresas depende en gran medida de las decisiones políticas y económicas que el Gobierno nacional adopte en las próximas semanas, días atrás, en el medio de la crisis local, el intendente Scott se vio obligado a ofrecer respuestas a los venadenses. Entre ellas, ofrendó la remoción del conjunto del gabinete, pero resultó que transcurridos casi 10 días de los rimbombantes anuncios no habría aceptado la renuncia de ninguno de ellos. El otro gran anuncio de la Intendencia consistió en la posible negociación de las “joyas de la abuela” que aún subsisten en nuestra ciudad, como es el caso de algunas propiedades municipales de privilegiada ubicación geográfica, tales los predios de 9 de Julio y Belgrano, y Lisandro de la Torre e Yrigoyen, entre otros. Escuchar esas propuestas de boca del propio Roberto Scott habrá remontado a los memoriosos a comparar el Venado Tuerto ambicioso de hace poco más de dos décadas con el más anémico de nuestros días. Esa opulencia desmedida fue demostrada por la representación vernácula de la dictadura militar con el alocado anteproyecto del Palacio Municipal que iba a edificarse en 9 de Julio y Belgrano, precisamente uno de los terrenos que ahora figuraría entre las propiedades comercializables del Estado municipal. La sucesión de barbaridades se inició por aquel entonces con la demolición de la “mansión de Andueza” y continuó con el llamado del Ejecutivo local a un concurso nacional de anteproyectos. Sin consultas a las entidades intermedias, sin respeto a la valiosa construcción existente, con un criterio sospechoso del cálculo de costo de la obra y con el solo rechazo de algunos pocos atrevidos, los proyectos de los profesionales se llevaron a cabo y jamás se pagaron los honorarios. Además de las conciliaciones económicas extrajudiciales, recientemente, más de 20 años después, el Municipio recibió el primer embargo por parte de los abogados que recorrieron todas las instancias judiciales y encontraron a la ciudad sin la protección legal de la inembargabilidad de los bienes públicos.
El lunes 2 de noviembre de 1981, en la sección de Arquitectura y Diseño del diario La Voz del Interior, se tituló: ¿Venado Tuerto, capital del posmodernismo argentino?, a una nota que se ilustraba con la perspectiva del proyecto de autoría de arquitectos cordobeses que se adjudicó el cuestionado concurso. Nuestra ciudad se conocía en el país por las revolucionarias características de su próximo Palacio Municipal.
Distante de aquellos delirios de grandeza -apenas opacados por la ilegitimidad de origen de los gobernantes-, la ciudad se desangra hoy para terminar de abonar el costo de un millonario juicio solamente por los planos del faraónico proyecto. Y no tiene muchas mejores ideas, ni tampoco recursos, que entregar en mínima parte de pago el predio donde se hubiera emplazado la construcción. Del palacio posmodernista a la subasta de las joyas de la abuela, sin escalas. Aunque tardarían en manifestarse las consecuencias, en esos años se sentaban las bases de nuestras penurias actuales. No habría que permitir que hoy se continúen cometiendo errores que merezcan reproches dentro de 20 años, o tal vez menos. De todos modos, no habrá demasiadas posibilidades de éxito si los que se oponen son unos pocos, como en esos tiempos. En aquel momento, los sectores intermedios callaron y dejaron hacer; hoy, al menos, debaten qué hacer y cómo condicionar las discrecionalidades del poder político. Este es el gran desafío de la hora para una sociedad que mayoritariamente coincide en lo que no quiere, pero aún está lejos de saber qué es lo que realmente quiere.
(Publicado el 22 de enero de 2002 en diario El Informe de Venado Tuerto)
En este sentido, si bien la subsistencia de muchas empresas depende en gran medida de las decisiones políticas y económicas que el Gobierno nacional adopte en las próximas semanas, días atrás, en el medio de la crisis local, el intendente Scott se vio obligado a ofrecer respuestas a los venadenses. Entre ellas, ofrendó la remoción del conjunto del gabinete, pero resultó que transcurridos casi 10 días de los rimbombantes anuncios no habría aceptado la renuncia de ninguno de ellos. El otro gran anuncio de la Intendencia consistió en la posible negociación de las “joyas de la abuela” que aún subsisten en nuestra ciudad, como es el caso de algunas propiedades municipales de privilegiada ubicación geográfica, tales los predios de 9 de Julio y Belgrano, y Lisandro de la Torre e Yrigoyen, entre otros. Escuchar esas propuestas de boca del propio Roberto Scott habrá remontado a los memoriosos a comparar el Venado Tuerto ambicioso de hace poco más de dos décadas con el más anémico de nuestros días. Esa opulencia desmedida fue demostrada por la representación vernácula de la dictadura militar con el alocado anteproyecto del Palacio Municipal que iba a edificarse en 9 de Julio y Belgrano, precisamente uno de los terrenos que ahora figuraría entre las propiedades comercializables del Estado municipal. La sucesión de barbaridades se inició por aquel entonces con la demolición de la “mansión de Andueza” y continuó con el llamado del Ejecutivo local a un concurso nacional de anteproyectos. Sin consultas a las entidades intermedias, sin respeto a la valiosa construcción existente, con un criterio sospechoso del cálculo de costo de la obra y con el solo rechazo de algunos pocos atrevidos, los proyectos de los profesionales se llevaron a cabo y jamás se pagaron los honorarios. Además de las conciliaciones económicas extrajudiciales, recientemente, más de 20 años después, el Municipio recibió el primer embargo por parte de los abogados que recorrieron todas las instancias judiciales y encontraron a la ciudad sin la protección legal de la inembargabilidad de los bienes públicos.
El lunes 2 de noviembre de 1981, en la sección de Arquitectura y Diseño del diario La Voz del Interior, se tituló: ¿Venado Tuerto, capital del posmodernismo argentino?, a una nota que se ilustraba con la perspectiva del proyecto de autoría de arquitectos cordobeses que se adjudicó el cuestionado concurso. Nuestra ciudad se conocía en el país por las revolucionarias características de su próximo Palacio Municipal.
Distante de aquellos delirios de grandeza -apenas opacados por la ilegitimidad de origen de los gobernantes-, la ciudad se desangra hoy para terminar de abonar el costo de un millonario juicio solamente por los planos del faraónico proyecto. Y no tiene muchas mejores ideas, ni tampoco recursos, que entregar en mínima parte de pago el predio donde se hubiera emplazado la construcción. Del palacio posmodernista a la subasta de las joyas de la abuela, sin escalas. Aunque tardarían en manifestarse las consecuencias, en esos años se sentaban las bases de nuestras penurias actuales. No habría que permitir que hoy se continúen cometiendo errores que merezcan reproches dentro de 20 años, o tal vez menos. De todos modos, no habrá demasiadas posibilidades de éxito si los que se oponen son unos pocos, como en esos tiempos. En aquel momento, los sectores intermedios callaron y dejaron hacer; hoy, al menos, debaten qué hacer y cómo condicionar las discrecionalidades del poder político. Este es el gran desafío de la hora para una sociedad que mayoritariamente coincide en lo que no quiere, pero aún está lejos de saber qué es lo que realmente quiere.
(Publicado el 22 de enero de 2002 en diario El Informe de Venado Tuerto)
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